Las constantes interrupciones del suministro eléctrico en el municipio José Félix Ribas, estado Aragua, han comenzado a reflejarse con mayor fuerza en la dinámica comercial de la zona, donde trabajadores y encargados de establecimientos advierten sobre pérdidas económicas significativas y una creciente dificultad para mantener la operatividad diaria.

De acuerdo con testimonios recabados entre comerciantes de esta parte del este aragüeño, la situación se ha intensificado durante las últimas dos semanas, período en el que las suspensiones del servicio han superado, de forma reiterada, las cuatro horas continuas, llegando incluso a extenderse hasta siete horas en algunos casos. Este escenario ha derivado en jornadas prácticamente improductivas, marcadas por la caída de sistemas de pago y la disminución de la afluencia de clientes.
Uno de los factores que más incide en esta dificultad es la interrupción de las telecomunicaciones. La ausencia de electricidad no sólo limita el funcionamiento interno de los negocios, sino que también afecta la conectividad, imposibilitando el uso de puntos de venta y plataformas de pago electrónico, herramientas esenciales en la cotidianidad comercial actual.
Jornadas interrumpidas y ventas perdidas
Susan Naranjo, trabajadora de un establecimiento en la localidad, calificó la situación como «horrible», al tiempo que describió el impacto directo que tienen los cortes en el desempeño de los negocios.
«Generalmente el servicio lo suspenden a las 10:00 de la mañana y regresa cerca de las 4:00 de la tarde; en una ocasión llegó a las 6:00 pm, por lo que la jornada fue casi nula», expresó.
Naranjo explicó que, aunque algunos comercios cuentan con plantas eléctricas, estas no siempre representan una solución efectiva. La disponibilidad de combustible se ha convertido en otro obstáculo, ya que en medio de la búsqueda del mismo se generan lapsos adicionales sin atención al público.
«El cliente en ocasiones no aguarda», comentó, dejando en evidencia la pérdida de oportunidades de comercializaciones que esto implica.
Desorganización y desgaste colectivo
En concordancia con esta visión, Ricardo Pichardo señaló que la frecuencia e intensidad de las interrupciones han generado un ambiente de desgaste, tanto para comerciantes como para consumidores.
«Han sido cortes bastante fuertes a los que hemos estado sometidos, que generan pérdidas a nivel comercial, desgaste y malestar general, pues no es sólo lo que pasamos quienes trabajamos en el sector, sino también los usuarios», indicó.
Pichardo añadió que uno de los elementos más complejos es la falta de planificación en la aplicación de las suspensiones, lo que impide a los negocios establecer estrategias para mitigar el impacto.
«Pueden quitar la luz en la mañana o en la tarde; incluso dos veces en el día. No hay una organización, eso cansa aún más. Llegas a casa a descansar y tampoco hay servicio. Es complicado. Ya no se respeta ni el tiempo de descanso», afirmó.
Un efecto que trasciende lo comercial
Los comerciantes coinciden en que las fallas eléctricas no afectan únicamente a los establecimientos, sino que repercuten en todo el entorno. En diversas zonas, aun cuando se restablece el servicio eléctrico, persisten problemas de señal telefónica, lo que limita las transacciones digitales y genera un entorno de incertidumbre tanto para vendedores como para compradores.


Esta situación ha modificado los hábitos de consumo, ya que muchos clientes optan por desistir de sus compras ante la imposibilidad de cancelar por medios electrónicos o por la lentitud en los procesos.
Llamado a la planificación
Ante este panorama, comerciantes del municipio José Félix Ribas hacen un llamado a las autoridades competentes para que se establezcan mecanismos de información más precisos sobre las interrupciones programadas, de manera que puedan organizar sus actividades y reducir las pérdidas.
Consideran que contar con horarios definidos permitiría implementar medidas de contingencia, optimizar el uso de recursos y ofrecer una mejor atención a los usuarios, en medio de un contexto que continúa representando un desafío para la economía local.
Entre tanto, el sector comercial se mantiene en un constante ejercicio de adaptación, intentando sostener su operatividad frente a una realidad que, aseguran, requiere atención oportuna y coordinación efectiva para evitar un mayor deterioro de la actividad económica en la región.
DANIEL MELLADO | elsiglo
CJL
