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Aguacate llegó a los 400 bolívares el kilo en Mariara

Vendedores de aguacate en la carretera Nacional Maracay-Mariara enfrentan un cambio drástico, que, sumado a la inestabilidad cambiaria, está elevando su precio y complicando las ganancias de los comerciantes. Los vendedores locales confirman el fin de la cosecha en la región, lo que obliga a depender de la importación desde otros estados, aumentando los costos de distribución.

El dólar continúa siendo el principal enemigo de los comerciantes


Carlos Guerra, comerciante, explicó el agotamiento de la oferta regional. «Ya que el aguacate de aquí se acabó, ahora viene el aguacate de afuera». Esta dependencia obliga a buscar la fruta en zonas más lejanas, lo que incrementa el costo final para el consumidor.


Las nuevas zonas de abastecimiento incluyen estados vecinos. El vendedor detalló qua ahora debe ser traída desde «Yaracuy, San Felipe, Naguanagua, porque ya esto aquí murió».


La consecuencia directa de esta logística es el encarecimiento de la fruta, ya que los comerciantes deben trasladar los costos de transporte. «Tú tienes que pagar transporte, tienes que pagar todo. Entonces ya no es igual, ya la ganancia es menos de la mitad», lamentó el vocero.

Carlos Guerra, comerciante


En este contexto inflacionario, el precio del dólar sigue siendo el principal enemigo de la estabilidad. El comerciante destacó la dificultad de fijar precios y el riesgo de absorber las pérdidas. «Lo que pasa es que como usted ve, el dólar sube, amanece un precio y entonces el otro día amanece otro precio. Entonces uno quiera o no tiene que subir los precios porque si no el dólar nos come».


Actualmente el precio del aguacate se maneja entre los 350 y 400 bolívares el kilo, aunque se advierte que esta cifra es dinámica. El vendedor manifestó que el precio «sigue subiendo, a medida que el dólar siga subiendo». A pesar de los altos costos, la demanda se mantiene estable, aunque la gente compra porciones reducidas. Aunque sea un pedacito de aguacate buscan las personas para acompañar las comidas».


Finalmente, el comerciante, aunque reconoce que cuando la cosecha estaba localmente disponible, la ganancia era superior, reitera que la clave es la supervivencia y la permanencia en el punto de venta. «Aquí seguimos gracias a Dios, porque ya hicimos el punto, hicimos el puesto, pero todo está más caro».

FABIOLA RODRÍGUEZ | elsiglo
fotos | JOEL ZAPATA