Mañana se conmemora el «Día del Adulto Mayor», una efeméride que nos invita a reflexionar sobre el papel de nuestros abuelos en la sociedad actual, su legado y su situación en un mundo cada vez más retador.


de tripas corazones para sobrevivir”
En Turmero, municipio Santiago Mariño, la vejez no es una experiencia uniforme: oscila entre la vulnerabilidad económica y un envejecimiento activo que desafía lo convencional. Tres adultos mayores abrieron su corazón para contar sus realidades.
Francisco Ramón Arnaen es originario de Falcón, pero lleva más de 28 años en Turmero. «Hago de tripas corazones para sobrevivir», confesó. Para él, la pensión dejó de ser una protección y se convirtió en un subsidio simbólico.
Arnaen explicó que la insuficiencia de las pensiones frente al costo de las medicinas lo obliga a una resiliencia forzada. «Uno tiene que rebuscarse, buscar precios bajos en todos lados», añadió. Su día a día es una cacería incesante para garantizar lo básico.
El entrevistado denunció además una barrera invisible, pero cruel: la discriminación laboral. «A los 40 o 45 años ya no te contratan en ninguna empresa», afirmó. Esa exclusión prematura impide ahorrar para la vejez. «Luego dependes de una pensión que no alcanza», sentenció Arnaen.
También te puede interesar: Exigen cronograma eléctrico ante prolongados apagones en La Segundera

LA PASIÓN QUE NO ENVEJECE
Manuel Márquez, conocido como «Chef Márquez», es un caso diferente. Residente de Turmero desde 2006, este cocinero internacional decidió ignorar la jubilación pasiva. «Trabajo por pasión y por salud», dice con energía. Su testimonio muestra el envejecimiento activo como un escudo contra el aislamiento.
Márquez lanzó una crítica directa sobre los valores actuales. «Son muy pocos los que respetan a los adultos mayores», sostiene. Exige un retorno al reconocimiento del legado: «Nosotros dimos la vida por las generaciones de ahora». Para él, el apoyo juvenil no es una concesión, sino un deber moral.
El chef se siente satisfecho con su autonomía. Su oficio y su salud le permiten evitar la dependencia. «Mientras pueda cocinar, estaré bien», afirmó con orgullo. Su realidad contrasta con la de Arnaen, pero ambos coinciden en algo: la vejez merece dignidad.

ESPERANZA INSTITUCIONAL
Ricardo Romero nació en Paraguaná y acumula 40 años viviendo en el sector La Julia de Turmero. Su visión está anclada en una actitud de gratitud a pesar de los retos de cada día. Aun cuando no culpa al gobierno por la situación actual, señaló ciertas carencias que considera deben ser abordadas para dar una mejor calidad de vida al adulto mayor.
Romero demandó mejoras concretas. «Necesitamos complementar las ayudas para alcanzar la suprema felicidad social», señaló. En salud, pide potenciar ambulatorios y hospitales. «La infraestructura pública es el nudo crítico», reconoció.
Su mensaje a los jóvenes es: «No se vayan del país. Venezuela es ejemplo. Afuera hay maltrato». Romero insta a profesionalizarse y aportar esfuerzo aquí. «Somos un modelo internacional», afirmó con convicción.
El adulto mayor en Turmero es el pilar moral de una sociedad en crisis. Su resiliencia, ya sea por fe o por trabajo incansable, exige no solo asistencia, sino el derecho a una vejez con reconocimiento pleno. Escucharlos no es un gesto de caridad: es justicia histórica.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
fotos | JOEL ZAPATA
MG
