La tarde del lunes 17 de octubre de 2022 marcó para siempre la vida de los habitantes de El Castaño y sectores aledaños. Lo que comenzó como una jornada lluviosa se transformó en una tragedia cuando el río Palmarito se desbordó, arrasando con todo a su paso y dejando una profunda huella en la memoria de los aragüeños.

En ese entonces, el país aún se encontraba conmocionado por el deslave ocurrido nueve días antes en Las Tejerías, que cobró la vida de decenas de personas. La noticia del nuevo desastre se difundió rápidamente a través de las redes sociales, videos, testimonios y súplicas de auxilio se viralizaron en cuestión de minutos.

Según reportes oficiales, tres personas perdieron la vida tras ser arrastradas por la corriente, mientras que más de 80 estructuras resultaron gravemente dañadas. Varias toneladas de rocas, lodo, árboles y escombros descendieron súbitamente desde la montaña, arrastrando todo a su paso.
Ante la magnitud del evento, helicópteros fueron desplegados para evacuar a las familias que habían quedado atrapadas. Todos los organismos de seguridad, Bomberos, Protección Civil, FANB, Policía de Aragua y grupos voluntarios trabajaron durante horas ininterrumpidas para sacar a las personas de las zonas más afectadas.
La solidaridad no tardó en llegar. Puntos de acopio se activaron en distintos sectores de Maracay y otras ciudades del país. Miles de venezolanos donaron alimentos, agua, ropa y enseres para los damnificados.
En los días siguientes, el trabajo se concentró en remover toneladas de tierra y rocas, despejar las vías y canalizar los cauces naturales. Con maquinaria pesada se logró recuperar la movilidad hacia los sectores afectados, y una vez superada la etapa de emergencia, se iniciaron labores de rehabilitación vial, eléctrica y de servicios básicos.

No obstante, la reconstrucción ha sido parcial. Aunque algunas zonas recobraron su normalidad, otras quedaron marcadas para siempre. Varias familias decidieron abandonar sus viviendas destruidas, mientras que otras, con esperanza y esfuerzo, intentaron levantar de nuevo sus hogares sobre los escombros.
TRES AÑOS DEL DURO GOLPE
Hoy, a tres años del deslave, El Castaño sigue mostrando cicatrices. En algunas calles aún pueden verse las fachadas vacías y muros fracturados de casas que un día fueron hogares llenos de vida. En otras áreas, las autoridades han declarado la imposibilidad de construir nuevamente, debido al riesgo de nuevos deslizamientos.
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Aún así, la comunidad no se rinde. Muchos habitantes mantienen el espíritu de resiliencia que caracterizó su respuesta ante la tragedia.
Mientras el calendario marca tres años de aquel 17 de octubre, los aragüeños recuerdan no sólo el dolor, sino también la fortaleza de una comunidad que resistió ante la furia de la naturaleza.
HERNÁN GONZÁLEZ | elsiglo
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