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La fresa sigue marcando el ritmo del campo coloniero

Mientras miles de visitantes asocian a la Colonia Tovar con sus paisajes, su gastronomía y sus calles de inspiración alemana, en los terrenos agrícolas que rodean esta localidad aragüeña otro símbolo continúa escribiendo su propia historia, «La fresa».

Los avances han impulsado la productividad


Y es que, detrás de cada cosecha existe un trabajo silencioso que comienza mucho antes de que el fruto adquiera su característico color rojo y llegue a las manos de consumidores dentro y fuera de Aragua.


En este sentido, la producción de este rubro, considerado uno de los más representativos de la jurisdicción, ha experimentado una recuperación significativa durante los últimos años, impulsada por la incorporación de nuevas variedades, avances técnicos y el esfuerzo constante de quienes mantienen viva una tradición agrícola que forma parte de la identidad de la Colonia Tovar.

La fresa es algo más que fruta en Tovar


Así lo explicó Williams Jaimes, coordinador del Centro de Acopio del municipio Tovar y productor de frutas y hortalizas, quien destacó que desde el año 2019 la actividad ha mostrado un crecimiento sostenido, que ha permitido fortalecer el rendimiento agrícola de la zona.


«La fresa ha sido uno de los rubros que más se ha recuperado en los últimos años. A partir de 2019 comenzaron a incorporarse nuevos materiales y tecnologías que ayudaron a mejorar los rendimientos. Eso permitió que los productores volvieran a apostar por esta actividad con mayor confianza», señaló.

UN RUBRO AGRÍCOLA QUE SE ADAPTA A LAS ALTURAS
Las condiciones climáticas de la Colonia Tovar han convertido históricamente a la fresa en una de las producciones más importantes de la entidad. Las temperaturas frescas, la humedad característica de la zona y la diversidad de pisos altitudinales favorecen el desarrollo de la planta en distintos sectores.


De acuerdo con el también productor, actualmente la fruta se cultiva prácticamente en toda la extensión territorial de la localidad, desde áreas ubicadas entre los mil y mil 200 metros sobre el nivel del mar hasta zonas que superan los dos mil metros de altitud.


Esta amplitud geográfica ha permitido que numerosas familias encuentren en la agricultura una fuente de sustento y desarrollo económico, fortaleciendo además las cadenas de comercialización que abastecen mercados dentro y fuera de la región.


Detrás de cada cosecha existe un proceso que demanda paciencia, conocimiento y dedicación. Dependiendo de la variedad utilizada, las primeras frutas suelen aparecer entre dos y tres meses después de la siembra, período durante el cual los agricultores deben monitorear constantemente el comportamiento de las plantas, para garantizar su adecuado crecimiento.


Desde la preparación del terreno hasta la recolección final, cada etapa requiere atención especializada, que dé como resultado frutos de calidad, capaces de responder a las exigencias del mercado.

Williams Jaimes, coordinador del Centro de Acopio del municipio Tovar y productor de frutas y hortalizas

CUANDO LA LLUVIA SE CONVIERTE EN UN RETO
Sin embargo, el trabajo agrícola también enfrenta desafíos importantes; uno de los principales está relacionado con las condiciones climáticas propias de la temporada lluviosa, período en el que suelen incrementarse algunas enfermedades que afectan directamente el rendimiento de las plantaciones.


Jaimes explicó que estas situaciones pueden generar reducciones considerables si no son abordadas oportunamente.
«Durante los meses de lluvia enfrentamos problemas sanitarios que pueden disminuir entre un 30 y un 40 por ciento la capacidad productiva en comparación con los períodos secos. Son situaciones que exigen vigilancia permanente y respuestas rápidas para evitar mayores afectaciones», comentó.


Las altas concentraciones de humedad favorecen la aparición de hongos y otras patologías que comprometen la calidad del fruto, por lo que el manejo técnico se convierte en una herramienta indispensable para proteger los sembradíos.
Frente a esta realidad, agricultores y autoridades han venido desarrollando estrategias orientadas a minimizar los riesgos y garantizar la sostenibilidad de esta actividad.

CONOCIMIENTO PARA FORTALECER LA PRODUCCIÓN
Una de las acciones impulsadas en los últimos años ha sido la creación de espacios de acompañamiento técnico dirigidos a los trabajadores del campo. El objetivo es brindar herramientas que permitan enfrentar las dificultades asociadas al manejo de las plantaciones y mejorar progresivamente los resultados obtenidos en cada cosecha.


«Estamos trabajando de manera articulada productores y autoridades Nacionales, Regionales y municipales, para ofrecer asesoramiento permanente. Queremos que los todos tengan acceso a conocimientos actualizados y a prácticas que les permitan mantener sus sembradíos saludables y productivos a lo largo del tiempo», explicó.


La incorporación de nuevas variedades también forma parte de esta estrategia.


Actualmente, en distintos sectores de la Colonia Tovar se encuentran en evaluación más de veinte variedades de plantas, las cuales están siendo observadas para determinar su adaptación a las condiciones locales.


Estas pruebas buscan identificar ejemplares con mayor resistencia a enfermedades, mejor comportamiento frente a los cambios climáticos y mejores rendimientos. Según Williams, esta apuesta por la innovación ha sido fundamental para los avances registrados en los últimos años.


Los resultados comienzan a reflejarse en las cifras. De acuerdo con las estimaciones manejadas por el sector, durante este 2026 la producción se encuentra entre un 60 y un 70 por ciento por encima de los niveles registrados en años anteriores, una señal que evidencia el fortalecimiento progresivo de la actividad agrícola en la zona.

PROTEGER LO QUE IDENTIFICA A LA COLONIA
Más allá de los buenos resultados obtenidos en los campos de cultivo, existe una iniciativa que busca garantizar el futuro de dos de los rubros más emblemáticos de la localidad: La fresa y el durazno.


El coordinador informó que actualmente se trabaja junto al Concejo Municipal y otras instancias locales en la elaboración de una ordenanza destinada a declarar ambos productos como cultivos protegidos dentro de la jurisdicción.


La propuesta tiene como finalidad promover políticas orientadas al fortalecimiento de estas actividades agrícolas y estimular nuevas inversiones que contribuyan a su crecimiento.


«La intención del alcalde Maximiliano Suárez y de nosotros, es proteger aquello que forma parte de nuestra identidad productiva. Tanto la fresa como el durazno representan una tradición para la Colonia Tovar y queremos generar mecanismos que permitan garantizar su permanencia y desarrollo en los próximos años», afirmó.


La medida también busca incentivar la participación de inversionistas y consolidar proyectos que permitan continuar modernizando el sistema agrícola local.

DANIEL MELLADO | elsiglo