
En Palo Negro, tres residentes relatan cómo enfrentan la crisis con ingresos insuficientes. Sus historias muestran una realidad lamentable: el sueldo ya no sirve para comer. La precariedad, presente para algunos desde hace dos décadas, ha impuesto nuevas reglas de supervivencia. Sin embargo, los palonegrenses se las ingenian en cada jornada para estirar el presupuesto familiar.
Carmen Rivero, de 82 años, aseguró que su pensión está «por el suelo». Esta jubilada depende por completo de hijos y sobrinos para administrar la alimentación en la casa y comprar medicinas. Su alimentación incluye caraotas y pasta, por ser productos rendidores y duraderos.
«Uno me compra una medicina, el otro me compra la otra», explicó Carmen sobre el apoyo familiar recibido. El queso o el pollo lo compramos «de vez en cuando», como un lujo excepcional. Lleva unos veinte años sintiendo que la vida digna se convirtió en resistencia pura.

GENERAR INGRESOS EXTRAS
Joana Monzón tiene empleo formal, pero su salario «no alcanza» para cubrir la comida básica. Por eso decidió vender productos por cuenta propia y generar ingresos extras fuera de su ocupación. Su método es: buscar ingresos adicionales que le otorguen mayor poder adquisitivo.
Organiza su consumo de forma mensual y prioriza harina, pasta, arroz, huevos, carne y leguminosas. Joana destacó que solo así se puede costear una dieta equilibrada. El comercio informal se volvió tan importante como su trabajo formal.
MATAR TIGRITOS
Para Ramón Peña, ante el alto costo de la vida, se dedica en sus tiempos libres, fuera del empleo formal, a actividades que le generan dinero inmediato. Los famosos «tigritos» son su herramienta para completar la semana. «Un trabajito por aquí, otro por allá para complementar el salario», expresó.

Su canasta de subsistencia incluye harina, pasta, arroz, azúcar y café. Las proteínas, por lo general, la compra para el día, solo la cantidad necesaria. Pollo, huevos y queso son lo principal, no por el precio, sino porque se pueden adquirir por unidad y en pequeñas porciones. Ramón considera que el ingreso formal no alcanza para nada de eso.
UNA MISMA REALIDAD
Los tres coinciden en productos como pasta, arroz, granos, café y azúcar -lo que llaman «seco»-, que figuran primeros en la lista. Las proteínas son para muchos un lujo que no pueden permitirse a diario. La dieta prioriza la saciedad inmediata sobre la nutrición. Las proteínas y las medicinas quedan relegadas, sobre todo en la tercera edad.
Los testimonios confirman que el salario formal perdió su valor real. La existencia digna fue reemplazada por una logística diaria de supervivencia, marcada por la incertidumbre y la fragilidad financiera.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
