La operatividad del transporte público en Maracay enfrenta una crisis silenciosa que amenaza la movilidad de miles de ciudadanos. Detrás de cada unidad que recorre las calles de la ciudad existe una compleja ecuación financiera donde los ingresos por pasajes no logran cubrir los crecientes costos de mantenimiento. Esta realidad convierte a los propietarios en administradores de crisis más que en empresarios del sector transporte.

Según los registros financieros analizados, el mantenimiento preventivo mensual base de una unidad asciende a 286 dólares, desglosados en 180 por la paila de aceite y 106 por el kit de filtros. A esta cifra deben sumarse 314 dólares destinados a componentes del tren delantero y 150 adicionales para el cambio de terminales de dirección. Una sola intervención de emergencia puede alcanzar los 612 dólares, equivalentes a aproximadamente 367 mil bolívares al cambio actual.
Félix Rivero, propietario de una unidad de transporte público en Maracay, explicó que el mantenimiento no es una variable de inversión sino una barrera de contención contra el colapso total. «Entender la brecha entre los ingresos por pasajes y los gastos técnicos es fundamental», sostuvo el transportista. Rivero agregó que la antigüedad de las unidades no responde a negligencia gerencial sino a una estructura de costos que consume el capital necesario para la modernización.
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MANTENIMIENTO CRÍTICO
Luís Anzola, mecánico especializado en transporte público, detalló que el protocolo de mantenimiento preventivo mensual es el eje de la seguridad vial. El experto explicó que debido a la intensidad de la rutina operativa, el ciclo de vida de los fluidos y elementos filtrantes se agota de forma acelerada. Anzola calificó esta realidad como una «rutina de alto desgaste» que exige intervención frecuente para mitigar el daño severo provocado por horas continuas de operación.
El mecánico señaló que la complejidad del mantenimiento varía drásticamente según la motorización, imponiendo una carga financiera y técnica superior a las unidades diésel. Anzola precisó que un motor diésel requiere 13 litros de aceite y cinco elementos filtrantes, mientras que uno de gasolina necesita apenas cinco litros y dos filtros. «El intervalo de mantenimiento debe ser estrictamente mensual», enfatizó el especialista, contrastando con los vehículos particulares donde el servicio se rige por kilometraje acumulado. El especialista señaló que la mano de obra promedia los 30 dólares, pudiendo escalar a 100 si la intervención requiere desmontaje de ruedas o sistemas de frenado.
SUBSISTENCIA Y CRÉDITO INFORMAL
El transportista Rivero reveló que de una sola unidad dependen directamente las economías de tres núcleos familiares: el propietario, el chofer y el colector. Esta red de interdependencia se ve agravada por cargas sociales impuestas, como el traslado de pasajeros de la tercera edad, quienes gozan de exoneración de pasaje. «Este gasto social oculto no cuenta con subsidios institucionales», denunció Rivero, afirmando que es financiado directamente por el propietario.
Ante la ausencia de financiamiento bancario, el sistema se sostiene gracias a lo que Rivero define como una facilidad de crédito basada en la confianza comunitaria. El propietario explicó que las facilidades otorgadas por comerciantes locales es el verdadero oxígeno de la flota, permitiendo ventanas de crédito de 24 días para realizar reparaciones urgentes.
INVIABILIDAD ECONÓMICA
El mecánico Anzola advirtió que la dependencia de una logística de suministros robusta, especialmente por el sistema de triple filtrado en motores, incrementa la vulnerabilidad operativa ante fallas en la cadena de suministro.
Rivero lamentó que con unidades nuevas valoradas en 180 mil dólares, sean inviables para cualquier transportista. «El costo de adquisición es inalcanzable para un sector donde las reparaciones de emergencia pueden consumir más de 600 dólares en un solo evento», sentenció el propietario, eliminando cualquier margen de ahorro para la renovación de la flota.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
MG
