La comunidad de Río Seco, en Rosario de Paya, parroquia Pedro Arévalo Aponte del municipio Mariño, atraviesa una situación crítica. Los desechos sólidos acumulados en el cauce del río han formado verdaderas represas que, ante cualquier precipitación, podrían romperse y provocar una inundación.

Los vecinos denuncian que la basura amenaza con colapsar el torrente y ponen en riesgo sus viviendas. El llamado es urgente: necesitan una intervención inmediata de las autoridades antes de que llegue el aumento estacional de los caudales.
José Pérez, habitante de la zona, explicó que la acumulación de basura ha creado diques artificiales que obstruyen el flujo normal del agua. «Cuando el agua hace presión y la represa revienta, se genera una inundación que arrasa con los ranchos adyacentes», alertó el vecino.
Pérez señaló que el agua «se sale para todos lados» y que las medidas improvisadas que toman los residentes son insuficientes para protegerse.
Miriam Carpio, fundadora de la comunidad de Río Seco, lleva décadas observando el mismo patrón de inundaciones. La líder vecinal advirtió que los residentes de la «parte de abajo» son los más expuestos a sufrir daños de estructura y humanos. Carpio propuso soluciones que considera vitales: «La canalización y la construcción de muros de contención en ambos márgenes del río son necesarias para proteger las zonas bajas».
La fundadora expresó su preocupación por la falta de una autoridad clara que asuma la responsabilidad. «Se le hace un llamado a quien le interese», afirmó con resignación.
Falta de autoridad
Daniel Orazma, representante comunitario, elevó una demanda precisa: la intervención de la Alcaldía para ejecutar el embaulamiento del río. Orazma aseguró que esta obra no solo canalizaría el agua, sino que actuaría como una barrera física contra la disposición ilegal de residuos.
«Al cerrar o estructurar formalmente el cauce, se reduce la posibilidad de que el río sea utilizado como vertedero», explicó el vocero. Para él, el embaulamiento es la solución definitiva al problema de la basura que la comunidad «está soportando».
Las voces de sus habitantes no son solo un reclamo, sino una advertencia. Mientras las autoridades no asuman su responsabilidad, la basura seguirá acumulándose y el río, amenazando con desbordarse.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
