Las lluvias forman parte de la cotidianidad de muchas comunidades del municipio José Félix Ribas, en el estado Aragua. Sin embargo, para los habitantes del sector El Valle, en La Chapa, cada temporada de precipitaciones representa también un momento para observar el comportamiento de una quebrada que, con el paso de los años, ha ido modificando progresivamente el terreno en las inmediaciones de varias viviendas.

Los residentes aseguran que la acción constante del agua ha generado un proceso de erosión que ha reducido espacios cercanos al cauce natural, tanto, que ha socavado bases de estructuras; esta situación ha sido motivo de múltiples solicitudes de atención por parte de quienes hacen vida en esta zona de la jurisdicción ribense.
A simple vista según afectados, el lugar muestra las huellas del desgaste acumulado por el tiempo. La vegetación crece en gran parte del recorrido de la quebrada y algunos tramos evidencian cómo el terreno ha cedido paulatinamente en los márgenes, acercándose a estructuras residenciales construidas en sus alrededores.
Entre los habitantes que conviven de manera más cercana con esta realidad se encuentra Johan Malavé, quien explicó que el fenómeno no es reciente y que ha venido observando su evolución durante años.
«Nosotros tenemos mucho tiempo viviendo con esta situación. He realizado llamados, he llevado documentos, fotografías y solicitudes a diferentes instancias, pero hasta ahora no hemos recibido una respuesta concreta. La quebrada ha ido cambiando el terreno y eso es algo que cualquiera puede observar cuando visita el lugar», expresó.

Malavé relató que la condición actual de su vivienda lo llevó a tomar la decisión de trasladarse junto a su familia hacia otro sitio, aunque continúa visitando regularmente la propiedad para supervisar su estado.
«Ya no estoy viviendo aquí con mi familia. Vengo constantemente a revisar cómo se encuentra todo porque es una casa a la que le tengo mucho cariño. Cada vez que llueve fuerte estamos pendientes de lo que ocurre con la quebrada y de cómo responde el terreno», comentó.
UN PROCESO QUE SE HA EXTENDIDO CON LOS AÑOS
De acuerdo con los vecinos, la quebrada permanece gran parte del año con poco caudal o incluso seca en algunos tramos. No obstante, cuando se registran lluvias intensas en las zonas altas o en las cabeceras cercanas, el volumen de agua aumenta considerablemente y recorre el cauce con mayor fuerza.
Los habitantes consideran que esta situación, sumada al crecimiento de la maleza y a la acumulación de desechos que algunas personas arrojan de manera indebida en el área, contribuye a dificultar el flujo natural del agua durante las precipitaciones.
José Rebolledo, residente de la comunidad, explicó que aunque no vive junto al borde de la quebrada, considera que se trata de una realidad que involucra a todos los habitantes del sector.
«Aquí no estamos hablando solamente de una vivienda o de una familia. Es una situación que forma parte de la comunidad y que merece ser observada. Creemos que una limpieza integral ayudaría bastante, al igual que algunas obras que permitan conducir mejor las aguas cuando llegan las lluvias», señaló.
El residente también hizo un llamado a la conciencia ciudadana respecto al manejo de los residuos sólidos.
«Nosotros mismos debemos colaborar. Hay personas que todavía arrojan desperdicios o escombros cerca del cauce y eso tampoco ayuda. Si queremos mejorar las condiciones del lugar, todos tenemos que poner de nuestra parte», afirmó.
A LA ESPERA DE UNA EVALUACIÓN
Mientras tanto, los habitantes continúan atentos al comportamiento de la quebrada durante cada período lluvioso. Aseguran que la comunidad ha tratado de mantenerse organizada para monitorear la situación y brindar apoyo a quienes residen más cerca del cauce.
Los pobladores consideran que una evaluación técnica permitiría determinar con precisión las condiciones actuales del terreno y establecer posibles alternativas para atender una situación que ha acompañado a la comunidad durante años.
Por ahora, quienes viven en El Valle continúan desarrollando sus actividades cotidianas junto a una quebrada que forma parte del paisaje de la zona, pero que también ha transformado progresivamente parte de su entorno. Los moradores esperan que su voz pueda ser escuchada y que la realidad que observan desde hace tiempo sea tomada en cuenta dentro de futuras acciones orientadas al bienestar de la comunidad.
