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Amas de casa de Tejerías en El Limón enfrentan retos ante la falta de agua

La falta de agua potable en el sector Tejerías de El Limón no solo es un problema de tuberías o bombas. Detrás de cada grifo seco hay una mujer que madruga a revisar si el caudal llegó, que improvisa con tanques vacíos y que lucha para que su familia coma limpio y aseado.


Carmen Elena de González, vecina de la calle Girardot, recibe agua a diario, pero el alivio dura poco. «Hay luz y no hay agua», explicó. Su caso revela que el problema no es solo eléctrico: la presión del servicio es tan débil que el líquido no sube a los pisos superiores. Su hija debe cargar cubetas desde la planta baja, un esfuerzo físico repetido que recae sobre las mujeres de la casa.
Para Carmen Elena, la rutina se rompe cada vez que abre la llave. El flujo aparece sin aviso y desaparece antes de terminar de lavar la ropa o fregar los platos. «La bomba de la residencia necesita luz y presión al mismo tiempo», señaló. Así, incluso cuando hay agua en la calle, el hogar queda sin el recurso cuando se va la luz. Las tareas del cuidado doméstico quedan inconclusas, generando estrés acumulado.
Ana Mirabal, residente de la calle Codazzi, enfrenta una realidad más extrema. En su zona, el agua llega con tan poca frecuencia que el almacenamiento preventivo nunca es suficiente. «El agua se va antes de que podamos llenar los tanques», denunció. La ausencia de cronogramas oficiales agrava la incertidumbre: ninguna familia sabe cuándo podrá bañarse o cocinar sin restricciones.

NIÑOS QUE SE IRRITAN

Ana tiene bajo su cuidado a una niña pequeña, y la crisis hídrica golpea con más dureza a los menores. «Los niños se irritan cuando no pueden bañarse», afirmó. La imposibilidad de mantener una higiene corporal estable genera tensión emocional dentro del núcleo familiar. La falta de agua también afecta la preparación de desayunos y la limpieza de uniformes, elementos clave para que los niños asistan a la escuela en condiciones dignas.

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Ambas mujeres coinciden en un punto: la comunidad desconoce el origen real del problema del agua. «Supuestamente es de pozo», dicen los vecinos. Esta incertidumbre impide cualquier planificación a largo plazo y deja a las amas de casa en un estado de vulnerabilidad constante.

RODOLFO GAMARRA | elsiglo