Los constantes cortes de energía eléctrica están transformando la vida de los ciudadanos en una carrera de obstáculos diaria, afectando severamente la productividad y el bienestar familiar.

La falta de un cronograma claro y la extensión de las interrupciones, que a menudo se prolongan durante la madrugada, han dejado a comerciantes y vecinos en una situación de vulnerabilidad extrema.
Edwin Fuentes, uno de los afectados, califica el panorama actual como desolador, señalando que la intermitencia no distingue entre horarios laborales y momentos de descanso personal.
«Fatal, además de los cortes intermitentes, se va en la noche, aparte que nos perjudica aquí en el ámbito laboral, en el ámbito personal, bueno, terrible», precisó.
En el sector comercial, la preocupación se centra primordialmente en el funcionamiento de los puntos de venta y la preservación de la cadena de frío.
Yani Treno explica que la operatividad de los negocios se ve limitada por la duración de las baterías de respaldo, las cuales resultan insuficientes ante cortes que superan ampliamente su capacidad de autonomía.
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Más detalles sobre cortes eléctricos obstaculizan la actividad comercial en Santa Rita
Según Treno, esto impide la correcta exhibición de productos y genera complicaciones técnicas que dificultan las transacciones básicas durante el día.
«Cuando la quitan el transcurso del día no nos funcionan los puntos… la batería lo que nos dura son cuatro horas y la quitan hasta seis y siete horas entonces ya ahí sí nos afecta por esa parte», agregó.
Y es que los daños materiales y el impacto en el hogar son otra cara de esta problemática que agota la paciencia de los ciudadanos. Sandy Chuello relata con frustración la pérdida de equipos electrodomésticos y la necesidad de invertir en soluciones paliativas para que los niños puedan soportar las altas temperaturas durante las largas horas sin servicio.
Chuello destaca que, a excepción del pasado Día de las Madres, el racionamiento ha sido una constante diaria que desarticula cualquier intento de normalidad.
«Se dañó esa vaina. Ella prende y todo, pero ya no ya no enfría… se tuvo que comprar ventiladores de esos recargables para aguantar los calores», mencionó.
El sentimiento de la comunidad es de un profundo agotamiento ante lo que consideran un «desbarajuste» que afecta la salud mental y la economía local.
Ante esta situación, surge un llamado urgente a las autoridades municipales para que tomen previsiones en materia de impuestos y ofrezcan condiciones más flexibles a los contribuyentes, quienes ven sus ingresos mermados por la imposibilidad de operar de manera continua y eficiente.
LINO HIDALGO | elsiglo
fotos | JOEL ZAPATA
MG
