En la comunidad de Palo Negro, municipio Libertador, el Centro de Educación Inicial (CEI) «Aprendiendo con Amor» celebró su «Feria de Ciencias» y el cierre de los proyectos pedagógicos ejecutados por los niños y sus representantes, bajo el inspirador lema: «Con material reciclable: juego, aprendo y cuido el planeta».

Durante una semana, la institución se transformó en un laboratorio de creatividad donde materiales de provecho se convirtieron en herramientas didácticas, permitiendo a los pequeños de maternal y preescolar explorar el fascinante mundo de la ciencia de una manera lúdica y significativa.
Un modelo basado en familia y escuela
Con 13 años de trayectoria, el CEI «Aprendiendo con Amor» fundamenta su modelo en la educación compartida entre la familia y la escuela. Su directora, Yenny Lugo, explicó que el enfoque humanista del centro busca formar «seres de calidad», tanto en lo humano como en lo científico.

«La educación es un proceso cotidiano que ocurre en la escuela, la casa y la calle», afirmó Lugo, quien dirige el centro junto a Marilúx Maduro, subdirectora, y un equipo docente altamente especializado.
Del desecho al descubrimiento
La feria arrancó con el día de los «Pequeños Científicos», donde los niños realizaron experimentos y mezclas de sustancias. Giselle Mendoza, docente del primer grupo de maternal, destacó que estas actividades permiten a los más pequeños desarrollar habilidades para la resolución de problemas, adaptadas a su edad. «La manipulación de materiales despierta el pensamiento crítico desde temprana edad», señaló la especialista.
El segundo día, una exposición de juegos didácticos, elaborados con cartón de huevos, tapas plásticas, botellas y platos desechables, fue la muestra perfecta del trabajo en equipo entre padres e hijos, demostrando que la imaginación puede dar una nueva vida a los objetos cotidianos.
«El señor pasto» y la conciencia ambiental
Uno de los proyectos estrella fue «El Señor Pasto», una actividad que permitió a los niños observar el crecimiento de las plantas mientras interiorizaban valores sobre el cuidado del medio ambiente. La iniciativa asignó tareas específicas a los representantes, quienes participaron activamente en la pintura, decoración y construcción de los proyectos junto a sus hijos.
«Logramos un ambiente de trabajo en equipo, experiencias compartidas y muchas risas», expresó la directora Lugo, quien calificó la experiencia como «muy bonita» y exitosa. En el nivel de 3 años, los niños expusieron junto a sus representantes, reforzando así su seguridad emocional gracias al apoyo familiar.
Proyección comunitaria y futuro
La feria trascendió las aulas y abrió sus puertas a invitados de la comunidad, permitiendo establecer nuevos contactos con otras instituciones. Esta proyección sienta las bases para que el centro participe en futuros festivales de ciencia a nivel externo. «El fin último es formar un pensamiento crítico en los niños», reiteró Lugo, quien extendió una cordial invitación a otras escuelas y familias para sumarse a estas prácticas que integran el reciclaje y la unión familiar.
La experiencia del CEI «Aprendiendo con Amor» es un claro ejemplo de cómo la educación inicial puede integrar con éxito la ciencia, el cuidado del planeta y la participación de la familia. Como bien lo resumió la directora: «Cuando la escuela y el hogar trabajan juntos, incluso un cartón de huevos se transforma en una ventana para descubrir el mundo».
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
CJL
