En la intersección de las calles Negro Primero y Valencia, en el sector La Candelaria del municipio Mario Briceño Iragorry (MBI), el asfalto es un recurso escaso y las promesas gubernamentales parecen desvanecerse al mismo ritmo que la calidad de vida de sus habitantes.

Los vecinos ven pasar periódicamente a técnicos, al parecer funcionarios de la Alcaldía de MBI, realizando mediciones y luego desaparecen. «Midió de ancho, midió de largo. Se montó en su bicicleta y se fue», relató con indignación uno de los fundadores del sector, cuya identidad no reveló.
Destacó que hace un mes fue esa última inspección de la calle Negro Primero y los huecos siguen siendo los protagonistas del paisaje urbano en una comunidad que en otros tiempos era ejemplo de progreso.
El problema no es nuevo, pero se agravó tras una intervención en la red de aguas servidas que dejó más cicatrices que soluciones. Según los testimonios de los vecinos, los trabajos de sustitución de tuberías en la calle 5 de Abril -adyacente a Negro Primero- revelaron un colapso sistémico provocado no solo por el tiempo, sino por el hallazgo de objetos insólitos dentro de las alcantarillas.
«Cuando abrieron empezaron a sacar bloque rojo, pantalones blue jeans, camisas… de toda vaina. Los tubos estaban rotos», explicó un residente.
Sin embargo, el alivio de ver las tuberías reparadas duró poco. Al momento de pavimentar, el material fue insuficiente. El asfalto alcanzó para cubrir un tramo, dejando el resto de la vía -específicamente hacia la calle Valencia- en tierra y escombros.

«No alcanzó el asfalto para terminar esa vaina hasta ahí», lamentan, señalando que la gestión de la zona parece haberse detenido por falta de recursos o de voluntad política.
Existe una percepción en la administración municipal que irrita profundamente a los vecinos: la idea de que La Candelaria es un sector de altos recursos, similar a urbanizaciones como Los Rauseos. Los vecinos se definen como trabajadores que han visto pasar décadas sin mejoras sustanciales.
«Ojalá fuéramos millonarios, no estaríamos peleando por una vaina que no es de nosotros; nosotros mismos hubiéramos mandado a arreglar esto», sentencian.
DRAMA CON LOS SERVICIOS
El drama del asfaltado es solo la punta del iceberg de una crisis general en los servicios públicos. Los residentes denunciaron que el aseo urbano no es 100% eficiente, precisando que algunos camiones de basura no suben a ciertas zonas bajo la excusa de que «no pagan el servicio», a pesar de que el cobro se refleja en sus facturas.
Por otra parte, los cortes de luz son el pan de cada día. Los vecinos reportan racionamientos que oscilan entre 5 y 10 horas diarias, afectando la conservación de alimentos y la salud mental de la comunidad.
La comunidad de La Candelaria, que se describe a sí misma como «guerrillera para lo bueno», exige que las autoridades municipales se aboquen a cumplir con sus deberes básicos. Para ellos, el tiempo de las excusas políticas ya caducó.
«Nosotros no tenemos la culpa de que ellos paguen los platos rotos porque no están haciendo nada», concluye uno de los entrevistados, mientras espera que, la próxima vez que alguien vaya a medir su calle, no sea para irse de nuevo en bicicleta, sino para traer las máquinas y el asfalto que tanto necesitan.
LINO HIDALGO | elsiglo
