Los cortes de electricidad en Turmero, municipio Mariño, están destruyendo pequeños comercios, pues diariamente, el servicio se suspende entre cuatro y cinco horas, a veces dos veces al día.

Ante esta grave situación, los comerciantes de la zona se muestran angustiados ante la incertidumbre de no saber cuándo se irá la luz.
Miglet López, encargada de una cafetería y repostería que vende yogures, tortas y café denunció que «las deudas siguen, pero las ventas bajan».
Sus neveras dejan de funcionar con cada apagón, y los lácteos se echan a perder, además la falta de una planta eléctrica la obliga a paralizar totalmente el negocio.
Igualmente, López ha sufrido daños en equipos de refrigeración y computación, pues las fluctuaciones de voltaje queman los componentes. «Reparar una nevera cuesta lo que no vendo en una semana», explicó. Su testimonio reflejó la impotencia de quien ve su capital desaparecer sin poder evitarlo.
Ventas lentas
Michael Martínez dirige una heladería en la calle Miranda. A pesar de poseer una planta eléctrica, las ventas se ponen «lentas» cuando se va la luz, según admite. Cuando toda la calle queda a oscuras, las personas no transitan. «La gente no camina por una calle oscura o entra al negocio con calor», comentó el comerciante.


Martínez pierde mezclas de helados y donas terminadas. La cadena de frío es su única garantía, pero los cortes diarios la rompen. Aunque el generador evita la parálisis total, el entorno inhóspito ahuyenta a los clientes. «No es lo mismo vender con luz que en tinieblas», sentenció.
Exigen horarios de racionamiento
Ambos comerciantes coinciden en una demanda: cronogramas fijos de cortes. «Si supiéramos a qué hora se va la luz, apagaríamos las neveras antes de la subida de voltaje», reclamó López. La falta de previsión impide planificar la producción y proteger los equipos.
Martínez añade que un calendario oficial permitiría reducir la quema de motores y computadoras. «No pedimos luz todo el día, solo saber cuándo no habrá», resumió. La incertidumbre actual anula cualquier gestión comercial responsable.
RODOLFO GAMARRA | elsiglo
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