Siete años llevan los pacientes renales de la unidad de diálisis del Seguro San José, ubicada en la avenida Bolívar, en pleno centro de la ciudad de Maracay, esperando por un cambio que les fue prometido, pero que nunca llegó.

Lo que debería ser un espacio de tratamiento y cuidado se ha convertido en una lucha diaria por la supervivencia, en medio de infraestructura colapsada y equipos obsoletos.
Así lo expresó la profesora Carmen Dale, quien es paciente renal desde hace siete años y docente de profesión, es una de las voces que denuncia la crítica situación. Tres veces por semana asiste a la unidad «Diálisis Aragua» para recibir su tratamiento, pero las condiciones del lugar agravan su estado de salud.
«El espacio donde estamos es alquilado y ya no da para más, igual que las máquinas están dañadas y las pocas que funcionan no nos dializan como deberían», denuncia la profesora Dale. Según su testimonio, la falta de mantenimiento es evidente en cada rincón.
«En la sala donde me dializo hay una catarata inmensa. Es un goteo casi permanente. Tengo videos y fotos. En cualquier momento eso se cae. El ascensor no sirve, los baños no funcionan y ni siquiera las enfermeras tienen agua para lavarse las manos. Es deplorable, deprimente y cochino», expresó indignada la docente, quien se acercó a la sede del diario elsiglo en la avenida Bolívar para elevar su preocupación públicamente.
La falta de equipos adecuados ha llevado a que el centro opere al límite de su capacidad. Con una población aproximada de 110 a 120 pacientes, la unidad se ha visto obligada a abrir un cuarto turno de diálisis para poder atender a todos, una clara señal de que las máquinas existentes no son suficientes. Pero el problema no es solo la cantidad, sino la calidad del tratamiento.
«Las máquinas que hay son de tres kilos. Te tienen que sacar esa cantidad, pero apenas te sacan un kilo», explica Dale, quien muestra en su propio cuerpo las consecuencias de una diálisis ineficiente.
«En este momento estoy súper hinchada. Soy docente y me han tenido que sacar del aula porque no puedo dar clase así. He faltado mucho y esto ha perjudicado mi vida personal. No me están dializando bien».
La promesa de un traslado a la «sede correcta», ubicada en la zona cerca del Terminal de Pasajeros de la ciudad, lleva siete años en el aire. Mientras tanto, los pacientes aseguran que la lista de fallecidos crecen y su calidad de vida se deteriora día a día.
Dale hace un llamado urgente. «Exigimos de verdad un cambio, ya. Nos están matando lentamente», concluye Carmen, en representación de más de un centenar de pacientes que claman por una solución inmediata a las autoridades del Seguro San José.
LUIS ANTONIO QUINTERO | elsiglo