El Castaño comienza un nuevo año consolidando su reconstrucción

La zona norte de la ciudad de Maracay, donde están ubicadas las comunidades de El Castaño, Palmarito, Corozal, entre otras, se ha caracterizado por sus preciosos urbanismos, hermosas casas y un espectacular paisaje de altura, pues si se sube hasta lo más alto se puede ver el imponente lago Los Tacarigua.

Una vivienda destrozada y cubierta de lodo, luego del deslave ocurrido en El Castaño hace ya tres meses-elsiglo.com.ve
Viviendas aún tapiadas


«Es bellísimo ese lugar», así lo describen sus habitantes, quienes por años han vivido en estos lares, levantándose con un frío casi al clima andino para trabajar por los suyos y sus sueños.


Sin embargo, tres meses atrás, el caos, el desastre, la angustia y la muerte se hizo presente en esas comunidades que están ubicadas entre los 894 metros sobre el nivel del mar, y que aún sus habitantes con mucho dolor recuerdan los minutos más impactantes de sus vidas y que quedará marcada en la memoria colectiva de los aragüeños.

ENTRE EL POLVO Y LA RECONSTRUCCIÓN


Marina Payares venía caminando con su hijo por la zona de mayor impacto de la urbanización Palmarito, y entre el polvero se detuvo ante los reporteros de esta casa editorial, para relatar lo que vivió un día como hoy, hace tres meses.

Marina Payares vecina de la comunidad El castaño,contó al equipo de reporteros del diario el siglo , como vivió los hechos de hace tres meses en el momento del deslave-elsiglo.com.ve
Marina Payares


«Yo que viví esto nunca lo voy a olvidar, yo sentía que iba a morir, cuando yo veía la ola que eso era una inmensidad y dijimos: Hasta aquí llegamos, vienen por nosotros», explicó Payares.


La ciudadana hacía vida por la zona de mayor impacto, justamente donde pasaba el caudal de la quebrada, en donde la gran cantidad de agua trajo consigo árboles, gigantescas rocas que destruyeron vehículos y el patrimonio de muchas familias aragüeñas, que son sus hogares y negocios.


Eran ya más de las 2:00 de la tarde de aquel momento, Marina al igual que muchos de los habitantes de Palmarito y El Castaño entraron en desesperación, subiendo hacia lo más alto de sus hogares. En el caso de ella, subió a la platabanda de la vivienda de una vecina.


Marina es trabajadora del hogar, y como buena madre y mujer, quien se aferra a Dios Todopoderoso para que le conceda un milagro, y habló con él en aquellos minutos de terror donde la vida se le pudo ir en un cerrar y abrir de ojos.


«Cuando vi esa avalancha yo me arrodillé. Le pedí tanto a Dios y a todos los santos, le dije Dios mío, Señor, Padre Celestial, cuídanos, guíanos, acompáñanos», describió la mujer.

LE PEDÍ A DIOS Y A LOS SANTOS


El agua venía con mucha fuerza y Marina escuchó tres explosiones debido a que cayeron cercos eléctricos y luminarias producto de los sedimentos que arrastró la quebrada Palmarito.

Dios y los santos concedieron el milagro


Relató que en el inmueble donde se encontraba, se sintió un temblor, los vidrios comenzaron a romperse y es allí cuando ella junto a otras personas buscaron resguardarse.


«El río llevaba carros, piedras», explicó la ciudadana, pero vio pasar el agua con todos los escombros, sin que su integridad física fuera perjudicada. «Vengo para acá y me da sentimiento», recalcó con un nudo en la garganta.

BAJARON DEL CIELO


Afortunadamente Marina y sus vecinos se encontraban sanos y salvos arriba de una de las quintas que estaban ubicadas en la urbanización Palmarito, cuando bajaban, había mucho lodo y escombros, y durante esa travesía alguien bajó del cielo para ayudarlos.


«Al frente había un muchacho que llamó a alguien por una ayuda, y apareció un helicóptero. Se fue a rescatar al vecino, su esposa, a sus tres niños y la señora que trabaja en su casa», dijo Payares.


El helicóptero que al parecer es de la Policía del estado Aragua, fue a buscar a la ciudadana y a quienes estaban en la platabanda de la vivienda ubicada por la avenida principal de Palmarito.


«Pero al frente hubo un herido, entonces la muchacha pidió auxilio y nosotros estábamos al otro lado, los señores decidieron llevarse a la herida y nosotros nos quedamos en la platabanda de la señora vecina hasta las 8:00 pm», explicó Payares.

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«Nos fuimos el otro día a las 7:00 am salimos de la casa, pero no podíamos pasar porque había muchas piedras y palos», continuó su historia la señora Marina Payares, quien aseguró volver a nacer al sobrevivir a esta emergencia regional.

La destrucción fue letal


«Fue algo demasiado fuerte. Me dijeron: Marina, esta es una oportunidad de Dios, por eso es que hay que estar agradecidos. Él se hizo presente, existe y siempre va a estar con nosotros», expresó la samaritana.


Ahora, Marina camina nuevamente por esas calles llenas de polvo, con el estruendo de las maquinarias pesadas, esperando que esta zona de la ciudad de Maracay, vuelva a reverdecer.


«Yo siento es una nostalgia, porque aquí la gente es muy chévere, yo tengo aquí viviendo y trabajando muchos años en esta zona, yo viví ese momento fue muy traumático, que siento miedo estar acá», concluyó.

EL NUEVO AMANECER


En horas del mediodía del día 17 de octubre, vecinos de Palmarito alertaron sobre la crecida de la quebrada que está en la localidad, en donde las autoridades de Protección Civil comenzaron a activar sus protocolos de prevención evacuando a los habitantes de las zonas vulnerables.


Ya a las 2:00 pm, reportaron el desbordamiento total de la quebrada, pero esta no fue de sólo agua, sino acompañada de sedimentos que traían las montañas del Parque Nacional Henri Pittier.


Nos comenzaron a preocupar porque repentinamente una ola inmensa vino desde la montaña y arrastró piedras inmensas que causó la destrucción de cientos de viviendas y locales comerciales, llegando hasta la entrada de El Castaño.


Los sedimentos rápidamente tapiaron muchas casas en Palmarito, El Castaño y Corozal, sobre todo esta última que a pesar de quedar intacta, quedaron llenas de lodo por varias semanas.


A la 5:00 pm, los funcionarios castrenses llegaron a la zona de impacto, y rápidamente comenzaron a realizar los planes de evacuación, para así garantizar la seguridad de los habitantes y de los damnificados.

PÉRDIDAS IRREPARABLES


En la tarde noche de aquel lunes, se rumoraba del fallecimiento de una mujer, quien murió arrastrada por el desbordamiento del río El Castaño.

Aún queda mucho por hacer


Horas más tardes se confirmó la noticia, y la víctima mortal quedó identificada como Rosanna Cano, reconocida por ser influencer e hija de una importante figura empresarial del estado Aragua.


Tras los hechos ocurridos, al día siguiente se desplegaron funcionarios de seguridad de las unidades caninas, para comenzar la búsqueda y rescate de personas que pudieran estar atrapadas por la avalancha de lodo.


Para ese entonces había otras dos desaparecidas, en donde sus familiares y amigos estaban preocupados por esta situación. Uno de ellos era Freddymar Nieves, de 47 años, quien era vigilante de la urbanización El Castaño.

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El día 20 de octubre, por el callejón El Dique, del sector Corozal, los efectivos encontraron el cadáver de un hombre, e inmediatamente fue llevado al Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf), para su autopsia de ley y su identificación.


Lamentablemente esa persona era Freddymar Nieves, quien se encontraba en su puesto de trabajo aquella tarde, pero fue arrastrado por la gran ola de barro que vino de Palmarito.


Su compañero, dijo que presuntamente Nieves intentó subir el techo de la garita, pero no pudo y la corriente se lo llevó.

EL RENACER


Ya han pasado más dos meses de este fatídico y trágico día, y las autoridades gubernamentales continúan desplegadas para reconstruir lo perdido y restablecer la normalidad a los habitantes.


Primero comenzaron con su despliegue de prevención, garantizando alimentos y agua a los damnificados. Luego con el despeje de la vialidad, en donde por más de dos semanas estuvo obstruida por el lodo, y las maquinarias pesadas removían los escombros y sedimentos.


Esta situación perjudicó hasta los pobladores de Choroní, quienes no tuvieron acceso a los alimentos, y su turismo fue frenado por esta lamentable emergencia.


Pero las acciones continuaron hasta quedar totalmente limpias las calles y restablecer la normalidad de a poco, tanto para la zona norte y la parroquia costera montañosa del municipio Girardot.


En la actualidad se encuentran aún trabajando para estabilizar los servicios públicos, y remover los escombros que aún quedan en la vialidad.

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Hoy los lugareños continúan sus vidas entre la ahora llanura, sumergida entre el polvo y el ruido de las maquinarias que limpian el desastre de la naturaleza que justificadamente causó, esperando volver a ver lo hermoso de sus paisajes y edificaciones en el menor tiempo posible.

LINO HIDALGO | elsiglo
fotos | JOEL ZAPATA