Joven que vivió en Caña de Azúcar asesinó a su madre en Colombia

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Una triste noticia enlutó a las familias Palma y Gómez, consanguíneas de la pareja Luis e Ingrid Coromoto y sus hijos, quienes vivieron por un tiempo en el municipio Mario Briceño Iragorry del estado Aragua, específicamente en la parroquia Caña de Azúcar, antes de viajar a Colombia en el 2019.

Ingrid Coromoto Gómez Ezquiel, una madre que fue asesinada por uno de sus hijos


Ella nació en Valle la Pascua, estado Guárico, él es del occidente del país; se instalaron en Aragua, donde sus hijos realizaron estudios de bachillerato y universitarios. Todavía hay docentes de la Misión Sucre y UBV que recuerdan a sus descendientes, entre los años 2013 y 2015 en los pasillos de la Aldea Universitaria El Limón; posteriormente viajaron a Maracaibo y de esa ciudad saltaron a Cali.


Manuel, de 27 años de edad, bajo los efectos del consumo de cocaína, apuñaló a su mamá Ingrid con un cuchillo. Ella estaba dormida y el muchacho la consiguió en un estado vulnerable; no tuvo tiempo de nada y recibió una certera herida punzo penetrante en el estómago, y en poco tiempo dejó de existir.


El suceso ocurrió el pasado jueves 10 de noviembre, en la calle 91 #27C-08, en el barrio Alfonso Bonilla Aragón, Comuna 14 de la capital del Valle del Cauca. Luis, según relatos, vive una verdadera pesadilla, primero, entre buscar los recursos económicos para poder cubrir los gastos y trasladar el cadáver de su mujer a Venezuela, en virtud de darle cristiana sepultura, y segundo, se quedó en Cali, con su hijo preso, esperando se realice el proceso correspondiente por parte de la justicia neogranadina.


El hombre se fue a territorio colombiano hace tres años por solamente 15 días, porque necesitaba instalar a unos familiares en ese país; pero desde que viajó, las cosas paulatinamente le fueron cambiando para mejor a él, su esposa e hijos, por lo que decidieron quedarse allá.
Se ganaron el respeto y el cariño de sus vecinos, y lo lograron a base de esfuerzo, cordialidad y trabajo. Descubrieron su “don” para llamar la atención del resto; la admiración y el interés de los demás lo captaron a través de la preparación de empanadas venezolanas.


Ingrid tenía sazón para cocinar. Luis se encargaba, con su carisma, de la publicidad a propia voz y de la atención del local, mientras que los hijos, en sus momentos libres ayudaban en los quehaceres del negocio; hacían el equipo perfecto.


Desde el jueves 10 de noviembre, todo cambió. De la esperanza a la desesperanza; de la tranquilidad a la tragedia; de la vida a la muerte.

TESTIMONIOS DE LUIS


A continuación, seleccionamos las declaraciones de Luis Palma, esposo de Ingrid y padre de Manuel, publicadas en diferentes medios colombianos, donde subraya aspectos importantes en el caso que está viviendo: la muerte de su mujer y la detención de su hijo por el crimen.

Luis Palma ha hablado sobre su situación actual


“El llanto de un esposo y padre conmovió a los habitantes de un sector del oriente de Cali, Colombia, al implorar ayuda para el traslado del féretro de su esposa hasta Venezuela y no desamparar a su hijo detenido”.


A Palma se le sale la tristeza sin aceptar todavía como le han llegado días amargos a su casa en el barrio Alfonso Bonilla Aragón.


“Recuerda que vino desde Venezuela a Cali sólo por 15 días para acomodar a unos parientes en Cali, pero se fue quedando y van más de tres años. Con su esposa Ingrid Coromoto y tres hijos, decidieron que podían vivir de producir y vender empanadas con la sazón de su país”.


“Nos iba bien porque mucha gente nos ha querido”, dijo el hombre. Una sombra vino hace dos años cuando uno de sus hijos, de 31 años, decidió seguir aventuras a Perú, donde perdió la vida en la pandemia del Covid-19. No pudieron repatriar su cadáver.


Hace menos de un año, en dos meses, Ingrid Coromoto, de 49 años, perdió a sus padres por enfermedades.


“Teníamos tres hijos. Uno murió por Covid-19 hace dos años, tenía 31 años de edad. Nuestra hija mayor tiene 32 años, vive también en Cali, en el barrio Mojica; por parte de ella tengo dos nietas preciosas que las amo. Y mi hijo de 27 años”, contó.


“A Manuel, don Luis Palma lo define como un muchacho cariñoso con la mamá, inteligente y con conocimientos de inglés. Lo amargo era que hace más o menos año y medio consumía droga, aunque no era algo permanente. De todos modos, lo llevaron a un internado para alejarlo del vicio”.

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“Él estaba internado y nos llamó para decirnos que tenía un cólico. Mi esposa lo fue a buscar porque ella era todo con sus muchachos y más cuando al hijo en Perú lo mató el Covid”, cuenta Luis.


En la mañana del jueves, el joven, de 27 años, le anunció a la mamá que iba a conseguir un medicamento. “Yo le dije que no lo dejara ir solo porque mi hijo venía del proceso para dejar ese demonio”, cuenta el padre.


Él le pidió confianza a la mamá, que le dio el permiso, pero con el compromiso de regresar pronto.


“Eran las 11:40 de la mañana cuando Palma le dijo a su esposa que ya estaba pasada la hora de volver de su hijo. Fueron a buscarlo y lo encontraron bajo efectos, al parecer, de cocaína. Así lo trajeron a la casa en un taxi. Al regresar, Manuel tomó agua y aparentemente estaba tranquilo cuando se fue a dormir y al mediodía se levantó para almorzar, para regresar de nuevo a su cama. La mamá estaba dormida en otro cuarto”.

Palma dice que decidió aprovechar que madre e hijo dormían para ir a comprar los ingredientes de las empanadas venezolanas. Ya avanzaba de regreso cuando lo llamaron para decirle que se apurara porque algo grave pasaba en su casa.


“No podía creer que él había matado a su adorada mamá”, dice el padre llorando. La mujer sufrió una herida de arma cortante que le quitó la vida en el mismo domicilio.


“Después de almorzar ella se acostó a hacer una siesta al lado de nuestro hijo. Luego de un rato él apareció con las manos llenas de sangre y no podíamos creer lo que había pasado”, relató el hombre en medio del llanto.


Horas después, el hijo se presentó a la Fiscalía en el centro de Cali, pero aseguró que no sabía porqué la mujer estaba muerta. Eso mismo le dijo a su padre que pudo verlo esa noche.


“Apá que hago yo aquí, me decía. Tengo hambre y frío. Dile a mi mamá que venga”, decía. El papá le dijo que había matado a la mamá y él le repetía que eso no era cierto, porque ni siquiera le alzaba la voz.


“Él no se acuerda de lo que pasó; su mamá era todo para él. Anoche me permitieron verlo en la celda, le dije, hijo sabes lo que hiciste, me respondió: ‘¿Apá qué hice pues? Que me volví a escapar’. Entonces le respondí: te perdono en el nombre de nuestro señor Jesucristo, de corazón te amo. Mi hijo decía: ‘Apá, qué me vas a perdonar, tú eres loco. Dile a mi mamá que me venga a buscar que me tienen esposado, porque consumí cocaína, dile que me traiga comida, tengo hambre y frío’. Después comentó que aprovechó que la mamá estaba durmiendo y por eso había escapado”, contó.


Luis busca los recursos para trasladar el féretro de su esposa Ingrid a Venezuela. Le ponen más de una condición porque ella mide más de 1,92 metros de estatura. Debe conseguir unos seis millones de pesos para el viaje. Para eso espera llamadas en el celular 321 8087097. “Toda la familia la espera allá”, dijo.


Pero asegura que no se puede ir de Cali sin saber qué pasará con su hijo ahora preso. “Mi muchacho no es malo, pero lo atacó ese demonio de la droga. Yo no lo voy a dejar solo”, apuntó.


Luis comentó que completaba 36 años de casado con Ingrid, tenían muchos sueños por delante y por eso desde hace 3 años y 6 meses habían decidido viajar desde Venezuela a la ciudad de Cali para abrir su negocio de empanadas venezolanas, las cuales son muy apetecidas en el barrio Alfonso Bonilla Aragón.

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