Emprendedor en construcción

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En tiempos de emprendimiento, incluso conceptualizar en torno a este fenómeno de reciente data en nuestro país es cuestión de “emprender” para así poder entender mejor el momento.

Por ser un fenómeno social y económico relativamente nuevo, el emprendimiento carece de base conceptual consensuada en los actuales momentos, no obstante en nuestra edición especial “Tiempo de emprender” hemos establecido dos categorías básicas que orientan todo este esfuerzo periodístico investigativo. Primero, los tipos de emprendedores, y segundo, los tipos de emprendimiento.

Ciertamente, a nivel conceptual el emprendimiento está en plena fase de construcción, pero existen nociones básicas que nos permitan sentar las bases de una descripción apropiada de esta persona que, en términos etimológicos, es aquella que “decide emprender” un proyecto productivo innovador.

Pero cómo diferenciar al tipo de productor: la respuesta está en cómo se canaliza su esfuerzo creativo. Es decir, depende de los medios que utiliza, las habilidades que caracterizan su personalidad, los instrumentos de los que se vale, o simplemente, del espíritu que impulsa su proyecto.

En este sentido, los tres tipos de emprendedor serían:

EMPRENDEDOR 1: EL PRODUCTOR

La fuerza laboral, el producto del trabajo físico, el uso de técnicas y maquinarias de manufactura, o el cultivo de la tierra y la cría de animales con sentido comercial, son los elementos comunes al emprendedor “productor”, en el estricto sentido de la palabra.

Ese esfuerzo en lo físico (del que labra la tierra, del que procesa la leche, del que transforma los materiales, o simplemente, del que suelda un metal) es lo que determina su espíritu como emprendedor.

Excluyendo el sentido industrial del concepto, el productor es un emprendedor de áreas básicamente de cultivo, cría y procesamiento de materiales, que generalmente funge como empleado o parte de empresas de tipo industrial dedicadas al área primaria de la economía.

Sin embargo, por estos días, la necesidad ha tenido cara de emprendimiento, surgiendo así personas que utilizan espacios domésticos para la cría de aves ponedoras o conejos, o simplemente para sacar provecho a huertos familiares. Por otro lado, tenemos a aquellos emprendedores que teniendo conocimientos en el área de construcción, canalizan sus habilidades hacia negocios de decoración, herrería, construcción a mediana escala, mantenimiento de áreas verdes y reparaciones generales de inmuebles.

Aunque el fenómeno de emprendimiento ha desembocado principalmente hacia lo creativo y la prestación de servicios, esta área productiva cada día adquiere mayor importancia, pues incluso el Gobierno nacional ha establecido nuevos programas como Emprender Juntos o el portal Vitrina Venezuela, para potenciar este tipo de producción, o incluso para abastecer los Comité Locales de Alimentación (CLAP), tomando fuerza en el ámbito de las municipalidades.

EMPRENDEDOR 2: EL CREADOR

Aunque todo emprendedor debe tener necesariamente un rasgo creativo, en cuanto a esta clasificación, la creatividad se convierte en el punto fundamental del emprendimiento.

Aquí tenemos a aquellas personas con talentos en sus manos, hombres y mujeres talentosos en cuanto a “manualidades”, es decir, creando con las manos. Es este rasgo el que determina su proceso productivo.

Lo que incluso se considera como un “don”, o sea, el arte de crear con las manos, desde un punto de vista antropológico, es considerado como uno de los elementos que elevaron al hombre de las cavernas a la modernidad. Esta habilidad fue la génesis de las artes; desde aquellos seres prehistóricos que creaban arte rupestre, hasta las artes modernas como expresión máxima de la civilización.

Es así como este tipo de emprendedor se dedica a utilizar materiales como telas, cuero o madera, para transformarlas en un producto para la venta. O bien, preparan comidas, crean orfebrería, realizan decoraciones, o en mayor escala, aquellos que abren un restaurante, que montan una fábrica de ropa o tapizan muebles.

Para este emprendedor, todo comienza con un sueño, un talento y un medio de producción, que puede ser una máquina de coser, una cocina, canutillos o tinta de tatuaje.

EMPRENDEDOR 3: EL ASESOR

Aunque las diferencias entre estos entre tipos de emprendedores no son realmente límites sino confluencias, podemos concluir que el tercer emprendedor es aquel cuyo proceso productivo está sustentado en un conocimiento, el cual ofrece a modo de asesoría o servicio.

Se trata de un conocimiento innato a la persona, o aprendido académicamente, es decir, puede ir desde una persona con talento natural para las comunicaciones hasta otra con una formación académica en áreas profesionales relacionadas con prestación de servicios técnicos, administrativos o asistenciales.

¿Cuál es el rasgo que determina su proceso productivo? Pues se trata de una destreza intelectual, una habilidad del pensamiento, una capacidad para aportar soluciones a terceros, un talante para innovar en trabajos de tipo intelectual.

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En este segmento tenemos a los asesores en telecomunicaciones, representantes legales, técnicos en reparación, así como a quienes prestan servicios en el área de la salud, como odontología o enfermería. También en el área de bienestar personal, lo que va desde especialistas en feng shui o yoga, hasta masajistas y cosmetólogos.

Igualmente aquí se insertan los emprendedores online, que son aquellas personas que usan la internet para obtener ganancias, gracias a proyectos con fines de lucro. Este emprendimiento nacido de la globalización, está en pleno desarrollo, y aporta tipos de profesionales completamente nuevos, como los trabajadores “freelance”.

JOHNNY OZALH | elsiglo