Cineasta Samir denuncia los tabúes de la sociedad iraquí con amor y humor

El cineasta iraquí Samir, autor de comprometidos documentales como «Odisea iraquí» (2014) o ficciones como «Immer y Ewig» (1991), estrena ahora una conmovedora y entretenida película sobre un grupo de iraquíes exiliados en Londres, alguno de ellos, sin guardar los preceptos del Corán.

Samir
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Son Taufiq Jasim (Haitham Abdel-Razzaq), el paterfamilias que mantiene unida a la pequeña comunidad; Samira (Awatef Naeem), copropietaria del cafe «Abu Nawas» donde se reúnen a diario, Amal (Zahraa Ghandour), joven trabajadora del café de misterioso pasado, Muhannad (Waseem Abbas), hijo homosexual del otro dueño del bar, Zeki (Kae Bahar), al que le cuesta aceptar la realidad.

«El primer problema para hacer la película fue el casting», explica el cineasta a Efe vía Zoom, desde Suiza, donde vive.

«En Irak -cuenta Samir- todavía hay dificultades para que un actor quiera interpretar a un homosexual o a una mujer señalada como adúltera; de hecho tuvimos que contratar a Waseem Abbas de origen iraquí pero que vive en Londres».

Con la protagonista femenina, Zahraa Ghandour, fue un poco más sencillo porque «ella es una activista feminista muy conocida en Irak que aceptó rodar si podía decidir mostrarla en su país o no; de todos modos -aclara- hicimos otra versión para el mundo árabe».

Pasado en Bagdad

«My Beautiful Bagdad» ocurre prácticamente en el interior del café y a través de sus ventanales; sus habituales son exiliados iraquíes que comparten, entre bromas, su anhelo de libertad y su deseo de dejar atrás su pasado en Bagdad. Son comunistas y ateos, adaptados con sus cosas a la sociedad londinense, aunque el más joven está en grave riesgo de convertirse en yihadista.

Samir une en la película modos de vida, costumbres y afectos de la vida más tradicional a la más moderna, y deja que choquen entre sí con humor, y amor.

El cineasta ha logrado un filme que es un thriller, y también una historia romántica; es cine social, político y de policías, y también es gracioso y entretenido, aunque no es una comedia.

«Sinceramente -dice a Efe-, cuando empecé el proyecto, muchos de mis amigos me decían que por qué mezclaba tantas cosas, pero para mi estaba claro: es imposible separarlas, porque se retroalimentan, se pertenecen, se nutren las unas de las otras».

Por ejemplo, señala, «ahí están los tres tabúes de la sociedad árabe; el primero, la religión, que es usada por la política para oprimir a las mujeres y esto es una manera de contentar a muchos hombres decepcionados y amargados y tenerlos de tu lado».

No tienen miedo

«Amal está en un peligro evidente porque ha decidido ser libre y elegir a su hombre (…) Taufiq no es peligroso porque se conoce el Corán mejor que nadie. Pero la que más me gusta es Samira, porque cuando las mujeres son más mayores y ya no están sometidas a nada, ni a un hombre ni a nada, no tienen miedo: son las únicas que pueden decir lo que quieran sin temor a las consecuencias», apunta.

Se ríe Samir y acepta que es una percepción europea que, en su cinta, resulta más peligroso ser homosexual o mujer libre que terrorista: «Es así de estúpido el mundo actual, pero no solo en Irak», advierte.

Defiende que sociedades como la iraquí, «y en cualquier sitio donde hay que enfrentar problemas cotidianos -afirma-, se necesita humor, a veces negro, para poder cargar con ello; el estilo de Irak es a la vez irónico, amargo y franco, o más directo, si lo comparamos con otros países islámicos».

«Igual es por los cuarenta años de dictadura y guerras que hemos sufrido, que es muy difícil librarnos del pasado. En España pasa un poco lo mismo -considera-. Supongo que solo en países como Suiza donde somos tan felices que somos aburridos -ironiza, gracioso-, no tenemos sentido del humor».

«Por eso España será mi país en una próxima vida», se ríe.

Samir

Cuyo nombre completo es Samir Riad Jamal al Din, decidió firmar sus películas con algo sencillo, dado que nadie en Suiza era capaz de pronunciarlo; también porque su nombre significa, en árabe preislámico, «quien cuenta historias ante el fuego en las noches del desierto», toda «una premonición», culpa de su padre, señala.

Pero el principal motivo fue alejar del peligro a la familia que le quedaba en Irak porque en su país «no gustan mucho» sus películas.

Su primer documental, «Babylon 2» (1993), hablaba de uno de los raperos más famosos de Suiza, Carlos Leal, de origen español, un rodaje que le llevó a los territorios ocupados de Israel y que dio origen a «Forget Bagdad: Jews ans Arabs» (2002), un documental muy triste y melancólico, que no gustó nada en Irak».

EFE