Mujeres chinas que tatúan diosas y otros seres mitológicos

Un fénix que resurge de las cenizas, un pez de buen augurio o una imponente diosa mitológica: son algunos de los tatuajes más populares hoy en China, donde quienes optan por trabajar en este arte, entre ellos muchas mujeres, denuncian que todavía se enfrentan a una injusta discriminación social.

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Aunque los tatuajes son cada vez más visibles en las grandes ciudades del país asiático, sus residentes no olvidan que en la antigüedad servían "para marcar a los criminales" y a aquellos estigmatizados por "impuros" o "incivilizados", explica a Efe la tatuadora Xie Tingyin desde su estudio de Pekín.

Esta artista trabaja diferentes tipos de grabados -casi siempre con tinta negra-, entre los cuales destacan los basados en fábulas y leyendas recogidos en textos como el "Clásico de las montañas y los mares", previo a la dinastía Qin (221-206 a. C.), la primera en China que contó con un emperador.

Además de aves, leones y dragones, también ha tatuado a las Nüwa, deidades representadas con cuerpo humano y cola de serpiente del período conocido como "Tres augustos y cinco emperadores" al que las crónicas mitológicas atribuyen la fundación de la civilización china en el tercer milenio a. C.

"Otros buscan personajes conocidos por sus hazañas", dice Xie señalando al italiano Giorgio, uno de sus clientes, que se tatuó en el brazo el personaje de Sun Wukong, o Rey Mono, que protagoniza "Viaje al Oeste", un clásico de la literatura china escrito en base a historias populares que se remontan a la dinastía Tang (618-907).

Pero hay todo tipo de abonados a este arte: a Dashuai, dueña del estudio pequinés HaloInkChina, lo que más le sorprende es que aún le vengan clientes que previamente han consultado con adivinos para que les aconsejen qué tatuaje les traerá mejor fortuna.

Aunque se trate de mera superstición, es una costumbre aún muy arraigada entre los chinos: "Dicen que un tatuaje puede cambiar el destino de una persona. Yo no creo en ello", señala.

Y otros, como el artista Yang Song, se tatúan sinogramas con frases como "sé humilde en los momentos de éxito" para dejar constancia de una máxima vital puesto que, en su opinión, los tatuajes deberían ser ante todo "una proyección de uno mismo".

DISCRIMINACIÓN CONTRA LOS TATUADOS

Xie, de 31 años, comenzó a estudiar el arte del tatuaje hace una década, época en la que tuvo ser autodidacta ante la dificultad de encontrar academias que se pudiera costear.

"Muchas partes de mi cuerpo están tatuadas, y ahora no podría encontrar otro trabajo en China. No me aceptarían", indica, aunque asegura que no contempla otra profesión y se enorgullece de que muchas mujeres chinas opten por este oficio.

"Cada vez somos más, aunque la mayoría de los grandes 'maestros' reconocidos siguen siendo hombres", denuncia.

Según Xie, en China también se discrimina a quienes llevan los tatuajes, lo cual lleva a muchos chinos a grabarse en zonas no visibles: "He tatuado a doctores, a profesores, a policías, pero siempre en zonas bien cubiertas".

Dashuai añade que ha sido testigo de cómo algunas madres chinas les decían a sus hijos que se alejaran de ella cuando veían las decenas de tatuajes que lleva estampados en su piel: "Juzgan por las apariencias, pero es algo que no me importa en absoluto".

"Hubo un escándalo hace tiempo, a raíz de un niño al que habían tatuado la cara. Aunque lo pidiera, eso es ilegal, y no es justo que se juzgue a la industria por unos pocos. Hay unas reglas", aclara.

Tampoco las autoridades ven con buenos ojos los tatuajes, lo que llevó hace tres años a la Administración de Prensa, Radio y Televisión a prohibir en las pantallas la aparición de todo aquel que los luciera.

Ni siquiera la propia industria está regulada como tal, acota Xie: "Es, en teoría, ilegal, y depende de los departamentos de belleza. Y como consecuencia tenemos que importar mucho material del extranjero".

Con todo, Dashuai cree que "China es mucho más abierta que antes" y que aunque la cultura dominante no apoye al oficio, este seguirá desarrollándose.

"Antes, las chicas pensaban que era una prostituta. Ahora -comenta-, que soy una cantante. Hay más tolerancia".

EFE

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