Abbas Karimi, la esperanza afgana en Tokio

La grave situación que vive Afganistán, con miles de personas huyendo tras la llegada de los talibanes a la capital, Kabul, ha provocado que los dos deportistas que iban a participar en los Juegos Paralímpicos de Tokio no lo hagan. Sí lo hará el nadador Abbas Karimi, que formará parte del equipo de refugiados.

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FOTO: REFERENCIAL

La taekwondista Zakia Khudadadi y el atleta Hossain Rasouli, cuya participación estaba prevista en Tokio, no concurrirán a la mayor cita internacional del deporte de personas con discapacidad porque no tienen forma de llegar al país nipón.

"Por el momento, es realmente difícil traerlos aquí sin ponerlos en riesgo. Hemos estado hablando con organizaciones internacionales y gobiernos para ver qué posibilidades hay. Primero son personas y necesitamos garantizar que estén bien, a salvo, y después pensar en ellos como atletas. Son jóvenes y podremos ayudarlos en su preparación para París'24, pero ahora necesitamos que estén seguros", aseguró Andrew Parsons, presidente del Comité Paralímpico Internacional, en su última intervención pública.

La única representación afgana en Tokio será por medio del nadador Abbas Karimi, de 24 años, que competirá bajo la bandera del Equipo Paralímpico de Refugiados.

Karimi, que nació sin brazos, tuvo una infancia difícil por su discapacidad en Kabul y esa circunstancia le llevó a practicar, a partir de los doce años, el kickboxing, una disciplina que le sirvió para tratar de hacerse fuerte y defenderse en el colegio de todas las humillaciones a las que se vio sometido.

En la natación encontró un refugio. Su hermano construyó una piscina de 25 metros para la comunidad cerca de su casa, en Kabul.

"Tenía 13 años cuando salté al agua por primera vez. Tenía mucho miedo, pero así es como empecé. Día a día lo encontré más interesante y aprendí a nadar. Me encanta el agua desde que era niño. A veces mis amigos y yo ni siquiera íbamos a la escuela, íbamos al río y saltamos con la ropa puesta. El río no era profundo y cuando salíamos nos secábamos la ropa al sol", confiesa.

Buscando oportunidades

Sin ningún tipo de esperanza en Afganistán decidió marcharse solo a los 16 años. Primero a Irán, con varios incidentes durante la travesía, y después Turquía, donde permaneció en diferentes campos de refugiados para menores y empezó a competir en natación.

En 2015, Mike Ivers, un exentrenador de lucha libre, lo vio en un vídeo a través de las redes sociales e hizo todo lo posible por llevarlo a Estados Unidos, que aceptó su entrada en el país tras la mediación en las largas gestiones del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU.

Con cierta estabilidad personal pudo empezar a dedicarse a su verdadera pasión, la natación. En 2017 ganó la medalla de plata en los 50 metros mariposa, clase S5, en el Campeonato Mundial disputado en México.

Su historia comenzaba a escribirse con la nueva vida que empezaba a tener en América. Entrenando seis días a la semana en el Complejo Acuático de Carter, en Fort Lauderdale (Florida), su constancia, trabajo y fuerza de voluntad le han llevado a cumplir su sueño de participar en el mayor escaparate del deporte paralímpico.

No lo hace defendiendo la bandera de su país, sino la del equipo de refugiados del que forma parte junto con tres sirios (el nadador Ibrahim Al Hussein, la lanzadora Alia Issa y el piragüista Anas Al Khalifa), el taekwondista de Burundi Parfait Hakizimana y el lanzador de disco iraní Shahrad Nasajpour.

Dignos representantes

Son el segundo equipo que representa a los más de 80 millones de refugiados en el mundo en unos Juegos Paralímpicos y que se amplía a seis miembros después de que en Río solo compitieran dos.

La refugiada cubana Ileana Rodríguez, que participó en representación de Estados Unidos en los Paralímpicos de Londres 2012, es la jefa de misión del equipo.

Karimi, entrenado por Marty Hendrick, llega a Tokio con ambición. "No voy solo a competir. No me gusta perder. Quiero subir al podium para hacer felices a todos los refugiados del mundo".

Desde que se marchó de Afganistán a los 16 años solo ha vuelto una vez. "Volví en 2019 once días para estar con mi madre porque mi padre había fallecido. Lloré mucho", asegura Karimi, que aún recuerda las palabras que su progenitor le dijo antes de fallecer relacionándolas con sus éxitos en la piscina.

"Sabía cuando naciste que ibas a ser algo especial. Entre todos mis hijos tú eres el único que puso mi nombre en la cima del mundo", confesó el nadador afgano, en declaraciones recogidas por el Comité Paralímpico.

Con el paso de los años, Abbas Karimi tiene su filosofía clara. "Cuando muera quiero que la gente sepa que Abbas Karimi, que nació sin brazos, nunca abandonó sus sueños y sus metas. Creo que puedo hacer algo para cambiar el mundo y eso es siendo campeón paralímpico".

(Abbas Karimi participará el 27 de agosto en los 50 mariposa y el 30 en los 50 espalda).

EFE

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