El insecto cavernícola Valenciolenda fadaforesta, una especie única y de gran interés biológico para la ciencia

El nombre de esta especie, Valenciolenda fadaforesta, se calculó minuciosamente. “Valenciolenda” hace referencia a dónde se encontró, en cuevas situadas en las cercanías de Valencia; “fadaforesta” significa “hada de los bosques”, aludiendo ala imagen de hada a la que evocan las alas translúcidas de los ejemplares adultos, y a los bosques que rodeaban las cuevas donde fue localizada.
 

Desafortunadamente, la degradación de los ecosistemas sufrida por la superficie terrestre amenaza el porvenir del medio subterráneo. El entorno tan restrictivo al que se enfrenta la fauna cavernícola no es suficiente para aislarla de las embestidas que proceden del exterior. Testigos de un destino incierto, estos seres persisten como una ventana a la que asomarse en busca de respuestas, ya sea para esclarecer el pasado, para comprender el presente, e incluso para generar predicciones de cara al futuro.

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La investigación del medio subterráneo continúa dando sus frutos. Recientemente un equipo internacional de investigadores liderado por la doctora Hannelore Hoch (Humboldt-University, Alemania) y con integrantes del antiguo Museo Valenciano de Historia Natural, de la Universidad de Valencia, del Ayuntamiento de Valencia (España), y de la Universidade Federal de Lavras (Brasil), ha descubierto en España una especie de insecto troglobio muy especial.

Se trata de una cigarra clasificada en la familia Kinnaridae. Hasta ahora no se conocía ningún representante de esta familia en el viejo mundo y es la séptima especie cavernícola descrita para la misma a nivel mundial. Sus características son tan excepcionales que su descubrimiento no solo ha significado la descripción de una nueva especie para la ciencia, si no que ha servido además para establecer un nuevo género, categoría que se utiliza en taxonomía para clasificar un grupo de especies emparentadas.

El nombre de esta especie, Valenciolenda fadaforesta, se calculó minuciosamente. “Valenciolenda” hace referencia a dónde se encontró, en cuevas situadas en las cercanías de Valencia; “fadaforesta” significa “hada de los bosques”, aludiendo a la imagen de hada a la que evocan las alas translúcidas de los ejemplares adultos, y a los bosques que rodeaban las cuevas donde fue localizada.

Para cualquier científico descubrir una nueva especie es una satisfacción. Pero si además es una especie anclada en el tiempo desde hace miles de años y que establece un nuevo género, el orgullo es indescriptible. Como apunta la doctora Hannelore Hoch, líder del grupo de investigación, “es fascinante pensar que existen organismos desde hace millones de años que han permanecido ocultos para el ser humano, que aún son desconocidos para la ciencia. Imagínense si esa área hubiera sido destruida, ¡V. fadaforesta se habría extinguido sin que nadie se diera cuenta!”.

l aspecto de este inofensivo insecto es la combinación de las piezas de un puzzle aún por resolver. La presencia de alas en organismos troglobios no es común, por lo que no se sabe con certeza si podrían ser un vestigio de ancestros pasados, o tener alguna función en la actualidad. Aunque se les ha visto saltar, si pueden o no volar es todavía un misterio. Además, las alas de algunos individuos (se cree que solo en el caso de los machos) aparecen impregnadas por una secreción cerosa que ofrece al insecto un aspecto algodonado. Cómo producen esta secreción y para qué sirve, son preguntas aún por resolver.

Como en otras especies troglobias, V. fadaforesta carece de ojos y apenas tiene pigmentación. Su tamaño no llega a los 4 mm, pero de su zona bucal sale un estilete casi tan largo como el cuerpo con el que extraen la savia de las raíces que llegan desde la superficie. La densidad observada de ejemplares adultos es extremadamente baja (no supera la quincena en más de una década de investigación). En cambio, los individuos no adultos (o ninfas) son más fáciles de localizar, a pesar de que su tamaño a veces no supere el milímetro: “Encontramos varias ninfas y pensamos que se trataba de una especie troglobia, pero hasta no encontrar adultos no pudimos asegurarlo”, relata el Dr. Sergio Montagud (Universidad de Valencia), uno de los científicos a cargo de la investigación.

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