Portugal, de luto nacional, se despide del fadista Carlos do Carmo

Portugal se despide este lunes del fadista Carlos do Carmo, leyenda del género que falleció el pasado viernes y por la que el país vive hoy un día de luto nacional, coincidiendo con las ceremonias fúnebres del artista en Lisboa.

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Foto: archivo

Los restos mortales de Do Carmo, que murió a los 81 años tras un aneurisma de aorta, son velados desde las 10.00 de esta mañana en la Basílica de Estrela, donde a primera hora de esta tarde se realizará una misa a la que asistirán personalidades de la política y la cultura.

El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, acudirá, y está también previsto que asista el primer ministro, António Costa -amigo personal del desaparecido fadista- a la misa para dar el último adiós a la considerada voz masculina del fado, intérprete de temas ya inmortales como “Lisboa, menina e moça” y “Os putos”.

La ceremonia estará abierta “a todos los que quieran prestar un último homenaje al fadista”, con las “debidas reglas de seguridad sanitaria”, ha dicho la discográfica de Do Carmo, Universal Music.

Ya el funeral quedará reservado en el cementerio a familia y amigos más próximos.

Carlos do Carmo, uno de los gigantes de la cultura portuguesa, falleció el 1 de enero a los 81 años en un hospital de Lisboa, dejando conmocionado al país “en un día que debía ser de esperanza”, según dijo el presidente de Portugal.

Nacido el 21 de diciembre de 1939 en Lisboa e hijo de una de las mayores “reinas del fado”, la desaparecida Lucília do Carmo, comenzó su carrera en 1963, cuando lanzó un disco sencillo llamado “Loucura”.

A lo largo de más de medio siglo, transformó la tradicional canción portuguesa con referencias a la Bossa Nova y estilo de alguno de sus intérpretes favoritos, como Frank Sinatra o Jacques Brel, cantando en muchos casos interpretaciones de letras de escritores portugueses, como Vasco Grasa Moura, Manuel Alegre, José Saramago o Antonio Lobo Antunes.

Un forma de entender el fado que le llevó a actuar en prestigiosos escenarios, como el Olympia, en París, el Alter Oper, en Fráncfort o el Royal Albert Hall, en Londres.

También llegó a Nueva York, donde recibió uno de los apodos que más le gustaban: “El Sinatra del fado”.

Los premios se fueron repartieron a lo largo de las décadas, alcanzando una cima en 2014, cuando fue galardonado con un Grammy Latino por sus 50 años de carrera.

EFE

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