Siza Vieira, el arquitecto luso que esculpe la simpleza

Cada una de sus construcciones albergan un mensaje de respeto al entorno, de búsqueda de la simplicidad y de la utilización de una construcción modesta y respetuosa. Así es el prestigioso arquitecto luso Álvaro Siza Vieira, primer no español en recibir el Premio Nacional de Arquitectura.

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Foto: Archivo

El arquitecto Siza Viera se convierte, así, en un nuevo enlace de las comunidades hispanolusas, reconocido, ahora, en un galardón con más de un siglo de historia, aunque ya fue vencedor, junto con el español Juan Domingo Santos, del proyecto para el futuro Centro de Recepción de La Alhambra de Granada, el segundo monumento más visitado de España

Natural de la ciudad de Matosinhos, donde nació el 25 de junio de 1933, Siza Viera ya sentía fascinación durante su época de estudiante por la escultura, inquietud que ha reflejado en su obra a través de líneas simples y el trabajo con la disposición de la luz.

De su estilo destaca “su capacidad de transformación del movimiento moderno”, al que ha dotado de una nueva entidad sin renunciar a sus valores primigenios, recogía el acta del jurado del Premio Nacional de Arquitectura, entregado vía streaming el pasado 30 de octubre.

En sus más de sesenta años de trayectoria, Siza Vieira ha recibido conmemoraciones internacionales como la Medalla de Oro del Royal Institute of British Architects, la Medalla de Oro del American Institute of Architects y el León de Oro de la Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia.

Pero fue en 1992 cuando recibió el premio Pritzker de Arquitectura, la distinción más importante del mundo, con el que demostró que la excelencia también residía en construcciones menos espectaculares, diferencia principal de su trabajo respecto a otros premiados.

SIZA EN LISBOA

El Passagem das Ruinas do Carmo conecta los barrios de la Baixa Pombalina con Chiado en pleno corazón de la ciudad. Encajado entre las ruinas del convento que le da nombre y bajo el elevador de Santa Justa, las terrazas y diferentes niveles del Passagem salvan el desnivel a la vez que evitan cuestas, convierten el espacio en utilizable y mejoran la calidad del entorno.

El conjunto arquitectónico donde se localiza el Passagem concentra mucha identidad en muy poco espacio y , a través de su obra, Siza lo realza.

Del otro lado, el edificio Leonel también convive entre el elevador de Santa Justa y el Largo de Carmo. Reconstruido tras el incendio de 1986, ahora alberga residencias que conjugan el estilo del Chiado más ilustre.

Con el elevador de Santa Justa que lo roza a un lado, Lionel demuestra que la simpleza también puede ensalzar el carácter de Baixa y Chiado, del que es el perfecto punto de unión.

La tradición subyace en la obra de Siza, imperceptible, pero siempre presente. En el proyecto Terrazos de Braganza, un edificio residencial en la ruta del icónico tranvía 28, Siza recuperó las líneas del edificio original, destruido.

La silueta antigua se completa con un juego en los ritmos con los que dispone los balcones, la fachada recubierta de los azulejos tradicionales y un patio interior repleto de restos arqueológicos conforman el edificio.

El jardín, repleto de pasado, se integra dentro del bloque de viviendas como si hubieran sido proyectados el uno para el otro.

Espacios traídos del ayer y reintegrados, como el Atelier de Júlio Pomar, un espacio multidisciplinar dedicado al artista del que recibe su nombre y que en el pasado fue un sencillo almacén.

Discreto, sorprende si se toma el tiempo necesario para observarlo, un espacio flexible a las órdenes de las piezas artísticas que lo llenan.

Lejos de las evocaciones del centro de la ciudad, en el moderno Parque de las Naciones, el Pabellón de Portugal transmite ligereza a pesar de sus volúmenes inmensos. Fue declarado monumento de interés público hace diez años.

Como una escultura de una hoja de papel, el pabellón reina sobre el Parque de las Naciones, desnudo y recubierto de azulejo a la vez. Es, sin duda, la obra más importante de Siza en Lisboa.

ESPACIOS DISPERSOS

La firma de Siza está por medio mundo, entre sus proyectos más recientes se encuentra su primer rascacielos, un edificio residencial en Manhattan, Nueva York.

Sus depuradas líneas y volúmenes se integran allá donde caen, desde Portugal a Corea, pasando siempre por España, país que alberga una gran colección de su obra con la que ha contribuido a enriquecer el patrimonio arquitectónico español, como el rectorado de la Universidad de Bilbao, la facultad de Ciencias Sociales de Santiago de Compostela o el Centro Gallego de Arte Contemporáneo.

Situado en Oporto, el Museo de Arte Contemporáneo de Serralves fue proyectado por Siza Vieira en un diálogo entre la Casa Serralves y los jardines que la rodean.

Construido con materiales locales como el granito y el roble, el museo se articula en dos alas, adaptadas a las ligeras pendientes del terreno, que se conectan a través de un patio.

Su último encargo para Serralves, la restauración y adaptación de las salas que, a priori, albergarán la colección de las 84 obras de arte de Joan Miró pertenecientes al Estado portugués.

Su trayectoria va más allá de Oporto, el Museo Mimesis en Corea del Sur, que parece un gato acurrucado, la restauración de Campo di Marte en Venecia, el edificio sobre el Agua, en China, la remodelación del Casino y Café Winkler, en Salzburgo y la Fundación Iberê Camargo en Brasil son algunas de las paradas que enlazan el trayecto de Siza por todo el mundo.

Junto a los museos y universidades, en su cartera abundan proyectos mucho más humildes como el centro de bomberos de Santo Tirso, en Portugal, pequeñas iglesias como Saint-Jacques de la Lande, en Francia, o la icónica piscina de Leça da Palmeira, en su Matosinhos natal, además de un depósito de agua en Aveiro, Portugal, que se asemeja a una gran escultura, la pasión del arquitecto.

Álvaro Siza Vieira sigue trabajando desde Oporto, donde encara con pasión y perspectiva proyectos desafiantes como la construcción de un rascacielos, que recuerda a quién lo dibujara desde el otro lado del Atlántico.

EFE

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