Cementerio Municipal La Primavera full de monte y basura

El mal estado en el que se encuentra el Cementerio Municipal La Primavera ubicado en el barrio Alayón de Maracay, tiene preocupado a todas las personas cuyos familiares reposan en ese camposanto.

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Los espacios lo han convertido en un vertedero improvisado

“Ni los muertos pueden descansar en paz”, fue la frase que utilizó la señora Ana María Parra, quien indicó que para ir al cementerio a visitar la tumba de sus padres debe armarse de valor, no sólo por las condiciones sanitarias, si no por la gran cantidad de monte que sobrepasa la pared perimetral.

Comentó la señora Parra que fue a llevar unas flores y tuvo que entregárselas a uno de los cuidadores del Cementerio, ya que era imposible llegar por mis propios medios al sitio de reposo.

“El abandono de los espacios es total y lamentable yo recuerdo que anteriormente la gente podía venir tranquilamente limpiar sus tumbas, hablar con sus muertos e irse tranquilo a casa. Pero en estos tiempos es inseguro y hasta antihigiénico visitar el Cementerio”.

Mientras que Luis Aparicio dijo, “estoy aquí medio limpiando la tumba de mis padres y abuelos, porque esto es un verdadero basurero, hasta indigentes andan deambulando por la zona, hasta temor da entrar aquí, primero porque no hay vigilancia, segundo que el monte está tan alto que podemos ser víctimas de los amigos de lo ajeno”.

Lo ideal sería que así como el alcalde se ocupa de cobrar impuestos, se ocupara de invertirlos en los espacios públicos que lo requieran, no sólo en la plaza Bicentenaria, el Cementerio también necesita un cariñito y nosotros se lo agradeceríamos, pues ya viene el 2 de noviembre Día de los Muertos y nos gustaría poner flores a nuestros familiares fallecidos, enfatizó Aparicio.

20 AÑOS CUIDANDO EL CEMENTERIO

El otro lado de la moneda muestra la realidad y el esfuerzo que hacen los cuidadores del Cementerio, quienes a pesar de no contar con los recursos usan sus propias herramientas traídas de sus casas para ofrecer el servicio a las personas que por sus ocupaciones no les permite ir con regularidad a limpiar las tumbas de sus seres queridos.

Omar Peralta tiene 19 años trabajando por su cuenta en el Cementerio La Primavera, comenzó a los 11 años por la necesidad de ayudar a su madre a llevar la comida a la mesa. “Éramos muchos en casa y las oportunidades muy pocas, siempre venía al Cementerio y veía como hacían el trabajo y un día me atreví hacerlo y desde entonces me he mantenido en el mismo lugar. Hago unos tiritos por fuera, pero esta es mi entrada fija”.

Mencionó que actualmente tiene 7 tumbas a su cargo, la cual debe mantener limpias y libre de monte, para que sus clientes queden satisfechos y que me paguen para seguir llevando la comida a la mesa.

“Aquí no exigimos una cuota, se hace el trabajo lo mejor posible para que el cliente pague bien, a mi me ha resultado y la paga ha sido buena, en bolívares, en divisas y lo mejor de todo es que muchas veces pagan con productos de la cesta básica y allí uno se va redondeando más otras limpiezas que hagamos por fuera”.

Al mismo tiempo señaló que trabajar en los espacios en los últimos años, es una tarea bien difícil. “Hay mucha basura y monte, sería bueno que hicieran una limpieza total para que el Cementerio tome vida nuevamente”.

HEREDÉ EL PUESTO DE MI PAPÁ

Al igual que Omar, Germán Cortés se gana la vida limpiando las tumbas en el Cementerio La Primavera desde hace 20 años, cuando su papá lo llevó para que lo ayudara y con el pasar del tiempo se quedó trabajando con él hasta que ocupó su puesto.

“Muchas personas nos ven con mala cara, nos dicen los ladrones y desconocen que este es un trabajo como cualquier otro, simplemente que no usamos corbata ni una lapto, usamos botas de gomas, rastrillo, machete y en algunas oportunidades agua y jabón son las armas que tenemos”.

Recalcó que prestan un servicio a la comunidad, sin exigir un pago lo que la gente pueda colaborar, para poder comprar lo que necesitan en sus casas. “Tengo 5 hijos y a todos los he levantado con este trabajo, no siento ni pena, ni vergüenza de hacer lo que hago”.

HACEMOS LO QUE SE PUEDE

Por su parte, los trabajadores de Funcemar adscritos a la Alcaldía de Girardot aseveraron que hacen lo que pueden. “Actualmente tenemos muy poco personal, somos 4 obreros y 2 supervisores que no nos damos abasto para la cantidad de trabajo”, dijo Erick Rosendo, supervisor del área de mantenimiento del Camposanto.

Además es importante decir que las personas que viven en las zonas cercanas vienen a botar escombros y echar la basura en este lugar. “Hacemos nuestro mayor esfuerzo para que las cosas salgan bien, pero nos faltan recursos, la pandemia nos desestabilizó todo y tratamos de mantener al día nuestras funciones”.

IRIOS MÉNDEZ | elsiglo
fotos | JOEL ZAPATA

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