Conuqueros de La Candelaria perdieron toda la siembra

Los trabajadores de la tierra no sólo perdieron algunos enseres, sino también el fruto de su esfuerzo, y aparte era el sustento del hogar con el que mantenían a la familia.

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Los estragos del río El Limón se hicieron sentir en el área agrícola del municipio Mario Briceño Iragorry, debido a que gran cantidad de árboles frutales, tubérculos y otras cosechas, fueron arrasadas por las corrientes del caudal que hace una semana devastó la zona de La Candelaria.

Los conuqueros que se organizaron en el sector de La Orquídea, vieron con tristeza y melancolía como la caudalosa riada se llevaba sin contemplación el esfuerzo con la que mantenían su hogar.

Daniel Colmenares, afectado por la situación, comentó que una semana antes del desastre estaban contentos porque recogieron una de las cosechas de maíz, el fruto de esa bendición fue repartida equitativamente entre las personas que labran la tierra en el sembradío.

Al respecto, Colmenares destacó, “entre mi cuñado y varios vecinos de la comunidad teníamos un conuco, la crecida nos arrasó 5 mil matas de maíz, ají, lechuga, remolacha, todo eso se perdió, pero lo importante es que estamos vivos; sólo se salvó lo que días atrás antes de la situación cosechamos y repartimos”.

Los vecinos destacaron que la siembra era para el beneficio y consumo propio, así como para venderla entre la comunidad a precios solidarios.

Por otra parte, José Francisco Cróquer, también afectado, resaltó, “las pérdidas en mi conuco fueron totales, muy pocas cosas se pudieron salvar que quedaron por allí rodando, entre ellos 300 palos de yuca que ya estaban listas para sacarlas, 80 racimos de cambures, en maíz se fue un aproximado de 5.000 mazorcas, 200 matas de ocumo, en realidad todo se fue, sólo se salvaron 3 matas de cambures”.

Además señaló Cróquer, “esa siembra era cosechada y vendida a los vecinos, era nuestro medio de sustento y trabajo, lo hacíamos de una manera equitativa donde no nos hacemos millonarios, pero obteníamos las ganancias, es el trabajo perdido de 20 años de siembra”.

Igualmente, Dani Cróquer añadió, “lamentablemente por circunstancias de la naturaleza nuestros esfuerzos de varios años fue arrasado sólo en horas con la creciente del río que nos arrebató la siembra, le damos gracias a Dios porque no perdimos la vida”.

Los conuqueros afectados por la crecida no pierden la fe y la esperanza de levantarse de nuevo y volver a sembrar, destacaron que es su forma de subsistencia y de vida; para muchos un hobby que se convirtió en el sustento diario familiar.

JOSÉ CARPIO G. | elsiglo
fotos | RAFAEL SALGUERO

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