Petare, cuando el hambre ataca y hace a un lado la cuarentena

“¡A retirarse a sus casas!”, son las ordenes de los militares y policías en Petare, la mayor favela de Venezuela, haciendo valer una cuarentena ante la propagación del nuevo coronavirus, y ha hecho que varias personas tengan que “guerrear” contra el hambre.

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Alguna zona de Petare y sus habitantes
Alguna zona de Petare y sus habitantes

Cansada de huirle a las fuerzas de seguridad, Gladys Rangel se quita su tapabocas casero y descansa sentada en un recodo, sin encontrar a quién venderle sus bolsitas de ajíes y limones por 5 centavos de dólar.

“Si no me muero del virus, me muero de hambre”, dice a la AFP esta delgada mujer de 57 años.

Gladys es uno de los 400.000 habitantes de esta barriada del este caraqueño, un sinfín de viviendas de bloques y techos de zinc levantadas desordenadamente sobre montañas desde mediados de siglo pasado, donde los servicios de agua, gas doméstico y recolección de basura son precarios.

Los 50 centavos que ganó alcanzaron para un poco de mortadela y algunos plátanos. “Con eso como hasta mañana que tengo que bajar a trabajar. Y así es la rutina de todos los días”, lamenta.

Desciende por angostas escalinatas para “guerrear” en calles colmadas de buhoneros y multitudes de peatones desde la mañana hasta la noche. Pero ahora, en tiempos de pandemia, esa efervescencia se limita a cuatro horas por jornada.

Por exigencia de uniformados desplegados por montones en Petare con equipos antimotines, las santamarías -las cortinas de los comercios- deben bajarse a las 10 de la mañana y la gente es desalojada de espacios públicos.

“¿No tenemos derecho a comprar comida, entonces?”, se queja bajándose su barbijo una joven que abandonaba una larga fila para comprar carne.

Los petareños regresan así colinas arriba, alrededor del casco colonial que sobrevive en la zona.

“Por donde tú lo veas, estamos jodidos, porque aquí si tú no trabajas no comes”, reclama Gladys.

EC

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