Cartas de Jack el Destripador

Entre la pila de manuscritos, sobres y expedientes policiales que atestaban la mesa del jefe de la vigilancia del barrio de Whitechapel, la carta del infierno destacaba a simple vista por varias razones. Primera, por los ángulos de su caligrafía, afilados como hojas de cuchillo. Segunda, porque iba acompañada de una pequeña caja. Al abrirla Lusk sintió cómo le reptaba por la espalda un hormigueo gélido. Bajo la tapa de madera había un frasquito lleno de alcohol.

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Entre la pila de manuscritos, sobres y expedientes policiales que atestaban la mesa del jefe de la vigilancia del barrio de Whitechapel, la carta del infierno destacaba a simple vista por varias razones. Primera, por los ángulos de su caligrafía, afilados como hojas de cuchillo. Segunda, porque iba acompañada de una pequeña caja. Al abrirla Lusk sintió cómo le reptaba por la espalda un hormigueo gélido. Bajo la tapa de madera había un frasquito lleno de alcohol.

En su interior flotaba medio riñón humano, blancuzco e hinchado.

El autor de la carta del infierno no era el demonio, si bien pocas personas han estado tan cerca como él de encarnarlo a esta orilla de la Estigia. Aunque al escribir la misiva para Lusk prefirió no usar su firma, en octubre de 1888 el remitente empezaba a ser ya una persona famosa en Londres. Después de haber perpetrado cuatro sangrientos asesinatos los tabloides estaban popularizando su mote, un apodo que los vecinos de Whitechapel repetían en las calles entre cuchicheos entrecortados: Jack the Ripper. O en español: Jack el Destripador.

Whitechapel

En sus calles se entremezclaban delincuencia, alcoholismo, racismo y prostitución. Inmigrantes rusos, polacos e irlandeses se veían obligados a vivir hacinados en viviendas míseras, inmersos en la pobreza.

Con ese telón de fondo Jack el Destripador cometió su primer asesinato (reconocido, al menos) el 31 de agosto de 1888. Su víctima fue Mary Ann Nichols. La policía encontró su cadáver de madrugada, en la actual calle Durward de Whitechapel. Un par de cortes surcaban su garganta y el abdomen estaba rasgado con una hendidura e incisiones.

Poco más de un mes después llegó el último de los cinco asesinatos atribuidos de forma general a Jack el Destripador. La víctima fue Mary Jane Kelly. Los agentes la descubrieron el 9 de noviembre tendida en su cama, en una vivienda de Miller’s Court. Salvo el de Stride, los cadáveres aparecían mutilados, desfigurados, con cortes en la garganta, el vientre y la zona genital.

Ya a finales del siglo XIX algunas voces cuestionaban que los crímenes que se vinculan a Jack los hubiese perpetrado una única persona. Dada la oleada de crueles asesinatos que asoló el East End de Londres entre abril de 1888 y febrero de 1891 suele hablarse de “los asesinatos de Whitechapel”. En total dejaron 11 víctimas, todas mujeres.

Trece décadas después Jack el Destripador es una pila de incógnitas, víctimas de carne y hueso… Y un tétrico negocio. Hace solo unas semanas una casa de subastas de Folkestone (Inglaterra) adjudicaba por 25.000 euros una de las cartas que se atribuyen al asesino.

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