En Nepal, cámaras escondidas para contabilizar a los tigres salvajes

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Hay miles de fotografías tomadas con cámaras escondidas en la selva de Nepal. Y todas ellas atestiguan una buena noticia: la población de tigres del país casi se duplicó en una década, tras haber estado al borde de la extinción.

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Nepal
Imagen referencial

En 2009, no quedaban más que 121 especímenes, y en la actualidad ya son 235 los felinos adultos, según un recuento terminado recientemente, fruto de un extenso censo realizado por activistas ecologistas que escondieron más de 3.200 cámaras fotográficas en plena naturaleza para capturar su imagen.

Chayan Kumar Chaudhary, de 25 años, estuvo en la línea de frente de este minucioso rastreo. Es uno de los lugareños formados para la ocasión y participó en la operación en el parque nacional de Bardia, donde el número de tigres casi se quintuplicó.

Ayudó a seguir el rastro y registrar los desplazamientos de los tigres en ese parque, revisando la ingente cantidad de imágenes tomadas.

“Era fascinante consultar las tarjetas [de memoria] y encontrar fotos de tigres…”, cuenta a la AFP. “¡Uno tiene la impresión de participar en algo grande!”.

Las llanuras bajas de la parte sur de Nepal, que albergan cinco parques nacionales, fueron divididas en parcelas, cada una equipada con cámaras dotadas de sensores de movimiento y de cambio de temperatura.

– Rayaduras únicas –

A veces hubo que recurrir a elefantes para instalar cámaras en la profundidad de la jungla. “No era fácil y también era arriesgado”, explica Man Bahadur Khadka, director del departamento de protección de la fauna y de los parques nacionales de Nepal.

Rápidamente, las primeras imágenes llegaron tigres solitarios captados por el objetivo, madres con sus pequeños armando alboroto o un felino devorando a una presa recién capturada. Y la favorita de Chaudhary: un tigre que parece querer posar delante del objetivo.

La operación se llevó a cabo entre noviembre de 2017 y marzo de 2018 y resultó en más de 4.000 fotos de tigres.

“Entonces empezamos a analizar las fotos”, explica Khadka. “Como nuestras huellas digitales, los tigres tienen rayas únicas. No hay dos tigres iguales”.

Según los expertos, la clave del éxito de la conservación de los tigres en Nepal reside en el hecho de implicar a las poblaciones locales en su protección, cuando estas podrían ganar miles de dólares cazándolos furtivamente.

Hace un siglo, las densas selvas de Nepal eran un coto privado de caza para los dirigentes del reino. Dignatarios británicos acudían para disparar contra el tigre real de Bengala.

En 1900, se calculaba que había 100.000 tigres en el mundo. En 2010, su población cayó hasta 3.200, el umbral más bajo jamás registrado.

– Banco de ADN felino –

En Nepal, el número de tigres se desplomó al final de la década de la guerra civil (1996-2006), durante la cual los traficantes proliferaban en las planicies del sur.

En 2009, el gobierno reclutó a cientos de jóvenes voluntarios para guardar los parques nacionales y efectuar patrullas contra la caza furtiva.

Armada con un palo, Sanju Pariyar, de 22 años, sale con regularidad a la naturaleza en busca de trampas depositadas por los traficantes. Era una adolescente cuando se incorporó al programa.

“La gente entiende que si el número de tigres y de rinocerontes aumenta [en Nepal], los turistas vendrán y sacaremos provecho. Es bueno para nosotros”, sostiene.

Nepal prevé duras penas para los cazadores furtivos (hasta 15 años de cárcel y una fuerte multa). Recientemente, lanzó una base de datos de ADN de sus tigres para facilitar las investigaciones.

– Siempre alerta –

En 2010, Nepal y otros 12 países con tigres salvajes firmaron un acuerdo para duplicar sus poblaciones para 2022. El país himalayo debería ser el primero en alcanzar ese objetivo.

“Si un país como Nepal -pequeño, menos desarrollado, con muchos problemas- puede hacerlo, los otros también pueden”, defiende Ghana Gurung, representante local del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Pero los ecologistas son conscientes de que un aumento de los tigres representa también un foco de atracción para los traficantes y el mercado negro. La caza furtiva de estos felinos es especialmente difícil de detectar pues, al contrario de lo que ocurre con los rinocerontes, en este caso se aprovecha todo el cuerpo. Los cazadores no dejan ni rastro.

Para Ashok Bhandari, empleado de los parques nacionales, ahora “es más importante que nunca mantener la vigilancia”.

Fuente: AFP

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