El Valencia busca soluciones sin revoluciones

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Se puede bautizar de muchas formas el período por el que está atravesando el Valencia desde el principio de temporada, aunque la más breve y contundente es ‘crisis’. También se pueden utilizar otros términos: dificultad, aprieto, trance, problema… Si uno prefiere alejarse de interpretaciones, también existe el recurso de los datos. 12 partidos, 1 victoria, 9 empates, 8 goles marcados y 11 encajados.

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El equipo tiene la obligación de acabar en cuarto lugar la temporada y las jornadas pasan y no reacciona. El empate contra el Young Boys, aun sin tener ningún efecto en las opciones de clasificación para octavos, representa otro paso atrás en la tarea de reconstruir un equipo que hace un año maravillaba en LaLiga.

De la irregularidad a la depresión

El cuerpo técnico trabaja con muchos datos en Paterna. Datos de rendimiento físico y también de efectividad técnica. Con ellos, con las sensaciones que se aprecian en los entrenamientos y con el análisis del rival se deciden los futbolistas que deben jugar cada choque. En estos 12 partidos, el equipo ha pasado por varias fases. Es cierto que hubo momentos de cierta ‘irregularidad’: se veían dos equipos distintos a lo largo de los 90 minutos. En el mismo partido hacía méritos para ganar, pero también para perder… de ahí se pueden explicar tantos empates. Pero después del último parón, el Valencia ha tenido dos malas actuaciones ante rivales inferiores en calidad, como Leganés y Young Boys.
Huir de los bandazos radicales

Entre tantos datos, Marcelino y su cuerpo técnico buscan soluciones en Paterna. Pero tratan de hacerlo desde el análisis. En ocasiones -ya se le ha preguntado por ello en más de una ocasión- se le reclama que propicie los cambios desde una variante táctica (cambiar el 1-4-4-2, uno de sus sellos de identidad). Pero no lo va a hacer. Por la trayectoria del técnico como entrenador y por su carácter, no va a haber una revolución. Y no la va a haber no por tozudez técnica -si se permite la expresión- sino por su propia experiencia. Marcelino entiende que dar bandazos restan coherencia en este tipo de situaciones.
Salir reforzados en el trabajo que se hace

Porque hay otra cuestión. Lo prioritario en este momento es ganar un partido como sea. Pero también se quiere aprovechar la situación como una oportunidad para que el jugador salga reforzado mentalmente. Que no deje de creer en que aquello que lo llevó al éxito la temporada pasada también le puede conducir por el mismo camino en ésta. No hay que olvidar que desde la llegada de Marcelino el equipo empezó a funcionar de un modo inesperado (por el rendimiento inmediato y continuado), y solo sufrió una minicrisis de un mes -entre enero y febrero- en la que se encadenaron seis derrotas consecutivas. Entonces el equipo tenía un cómoda ventaja en Liga y una de esas derrotas no le impidió pasar a semifinales de Copa. El escenario anímico en este momento para el equipo es totalmente distinto con respecto al curso pasado.
Saber convivir con la ansiedad

El vestuario tiene clara la teoría. Y también parte de la práctica, pero le entran las dudas en cuanto aparecen las dificultades. Así se comprobó tras el 0-1 del Leganés o en los primeros arreones del Young Boys a pesar del 0-1 parcial a favor. El equipo vive angustiado por sus ganas de vencer y eso se hace evidente conforme van cayendo los minutos de cada partido. Los futbolistas se olvidan de jugar y piensan en el resultado. En conservarlo si van por delante o en darle la vuelta, si van perdiendo. Y es la faceta más importante que deben dominar.

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