Venezuela tiene un nivel de competitividad deficiente, según Foro Económico Mundial

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Ese valor sitúa Venezuela en el puesto número 127, es decir que tiene un nivel de competitividad mundial bastante deficiente si lo comparamos con el resto de los 140 países del ranking. Mantiene por lo tanto el mismo puesto en el ranking que tenía en 2017

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Venezuela obtuvo 43,17 puntos en el Índice de Competitividad de 2018, las últimas posiciones, según el informe publicado por el Foro Económico Mundial, que mide cómo utiliza un país sus recursos y capacidad para proveer a sus habitantes de un alto nivel de prosperidad. Ha empeorado su puntuación respecto al informe de 2017 en el que en el que obtuvo 46,14 puntos.

Ese valor sitúa Venezuela en el puesto número 127, es decir que tiene un nivel de competitividad mundial bastante deficiente si lo comparamos con el resto de los 140 países del ranking. Mantiene por lo tanto el mismo puesto en el ranking que tenía en 2017.

De acuerdo al documento, Chile (33º; 70,3) lidera por un amplio margen la región de Latinoamérica y el Caribe, situándose por delante de México (46º; 64,6) y Uruguay (53º; 62,7). Venezuela (127º; 43,2) y Haití (138º; 36,5) cierran la lista.

El informe también señala que la crisis económica y humanitaria de Venezuela podría afectar la competitividad en la región.

“La competitividad de la región sigue siendo frágil y podría verse amenazada por una serie de factores, entre los que cabe citar un mayor riesgo de proteccionismo comercial en Estados Unidos; las repercusiones de la crisis económica y humanitaria de Venezuela; la incertidumbre política a raíz de las elecciones en las mayores economías de la región y las perturbaciones derivadas de las catástrofes naturales que amenazan al Caribe”, señala el informe. Otros temas citados son la inseguridad y la debilidad de las instituciones que representan otros de los mayores desafíos para la mayoría de los países.

Según el informe, que en 2018 utiliza una metodología totalmente innovadora para capturar por completo la dinámica de la economía global en la Cuarta Revolución Industrial, muchos de los factores que tendrán más impacto a la hora de impulsar la competitividad en el futuro jamás habían sido el eje de decisiones políticas importantes con anterioridad. Entre ellos se incluyen la generación de ideas, la cultura empresarial, la apertura y la agilidad.

La nueva herramienta cartografía el panorama de competitividad de 140 economías a través de 98 indicadores organizados en 12 pilares. Para cada indicador, en una escala de 0 a 100, indica el grado de proximidad de una economía al estado ideal o la “frontera” de competitividad. Al combinar estos factores, Estados Unidos obtiene el mejor rendimiento global con una puntuación de 85,6, por delante de Singapur y Alemania. La puntuación media a nivel mundial es de 60, a 40 puntos de la frontera.

Un aspecto unificador entre las economías más competitivas del mundo es que todas presentan un margen considerable de mejora. Por ejemplo, mientras que el índice de competitividad global del informe determina que Singapur es la economía más “preparada para el futuro”, va a la zaga de Suecia en cuanto a población activa digitalmente capacitada. Por otro lado, Suiza es el país que cuenta con la mano de obra más efectiva en términos de políticas de recualificación y reciclaje profesional y las empresas estadounidenses son las que están en condiciones de adoptar los cambios más rápidamente.

La apertura debe complementarse con la inclusión.

En un momento marcado por unas tensiones comerciales crecientes y por una reacción contra la globalización, el informe también revela la importancia de la apertura para la competitividad. Por ejemplo, aquellas economías que rinden según unos indicadores que denotan apertura, como barreras arancelarias reducidas o inexistentes, facilidad de contratación de mano de obra extranjera y colaboración en la solicitud de patentes, entre otras cosas, también tienden a demostrar un buen rendimiento en términos de innovación y eficiencia del mercado.

Este dato sugiere que la salud económica global se vería afectada positivamente por un retorno a una mayor apertura e integración; sin embargo, es crítico que se implementen políticas para mejorar las condiciones de los colectivos perjudicados por la globalización en los países.

El informe también presenta un argumento de peso en virtud del cual las políticas redistributivas, las redes de seguridad, las inversiones en capital humano, así como una tributación más progresiva dirigida a abordar la desigualdad, no necesitan comprometer los niveles de competitividad de una economía.

Sin un equilibrio inherente entre competitividad e inclusión, es posible mostrarse favorable al crecimiento y ser inclusivo al mismo tiempo. Por ejemplo, los trabajadores de las diez economías más competitivas del Índice trabajan una media de cinco horas menos a la semana los trabajadores de las tres economías BRIC: Brasil, India y Rusia, para los cuales se dispone de datos sobre el tiempo de trabajo.

Un mensaje clave del informe es la necesidad de adoptar un enfoque amplio para aumentar la competitividad: un rendimiento sólido en un área no puede compensar un rendimiento débil en otra. Esto es especialmente cierto por lo que respecta a la innovación: si bien es verdad que una marcada orientación a la tecnología puede brindar grandes oportunidades a los países de ingresos bajos y medios, los gobiernos no deben perder de vista los “antiguos” problemas de desarrollo, como la gobernanza, la infraestructura y las capacidades.

En este sentido, un factor preocupante que arroja el Índice de este año es el hecho de que, en 117 de las 140 economías encuestadas, la calidad de las instituciones sigue siendo un lastre para la competitividad general. “La competitividad no es una competición ni un juego de suma cero: todos los países pueden llegar a ser más prósperos. Con oportunidades para dar un salto económico, la difusión de ideas innovadoras a través de las fronteras y nuevas formas de creación de valor, la Cuarta Revolución Industrial puede nivelar el campo de juego para todas las economías. Sin embargo, la tecnología no es una fórmula mágica por sí sola. Los países deben invertir en recursos humanos e instituciones para cumplir la promesa de la tecnología”, declaró Saadia Zahidi, Miembro de la junta directiva y directora del Centro para la Nueva Economía y Sociedad.

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