Tu perro entiende cuando le hablas mucho mejor de lo que se creía

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El perro no se ganó el título de mejor amigo del hombre porque sí, y parte de su mérito tiene que ver con la existencia de una comunicación entre ambos animales, el can y el humano, que puede ser mayor o menor dependiendo del caso, pero que definitivamente existe.

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El perro científico más famoso, el de Pavlov, es responsable de la noción ya muy conocida que nos lleva a adjudicar a la conducta del animal un esquema de estímulo-respuesta.

Sabemos que cuando le decimos «sentado» no es que el animal entienda el significado de esa palabra, sino que asocia dicho comando a una acción específica.

Varios investigadores han puntualizado el papel importante del lenguaje corporal, los gestos, la mirada y del tono de voz a la hora de que el perro interprete una determinada orden y la distinga de otra, y así se ha explicado el grado de entendimiento del lenguaje humano que tienen estos animales.

Sin embargo, de acuerdo a un nuevo estudio, publicado por Frontiers, los perros podrían tener un entendimiento de las palabras que utilizamos con ellos mucho mayor de lo que se suponía, y no simplemente basado en el estímulo-respuesta y el lenguaje corporal de la persona.

Aprendiendo nuevos ladridos

El estudio incluyó 12 perros de razas diferentes que fueron entrenados por sus dueños para distinguir entre dos objetos y para ir a buscar uno de ellos cuando su dueño se lo nombra.

A diferencia de otras investigaciones basadas en observaciones de los dueños, este estudio va directamente a la fuente, aplicando resonancia magnética en los perros que permite medir su actividad cerebral durante las pruebas.

Una vez que los perros probaron que podían diferenciar e identificar correctamente cada objeto, fueron sometidos a la resonancia magnética, y se repitió el experimento: sus dueños le mencionaban el nombre de uno de los objetos que habían aprendido a identificar, mezclado con otras palabras sin significado alguno, como «bobbu» o «bobmick».

Cada vez que se mencionaba un objeto, se le mostraba al perro ese objeto, pero también otros al azar, como sombreros o muñecos.

Los resultados de las resonancias magnéticas revelaron que cuando se les mencionaba una de estas nuevas palabras inventadas la actividad cerebral del perro aumentaba, lo que sucedió también ante la presencia de los nuevos objetos.

Los investigadores explican que, como el perro quiere complacer a su dueño, cuando aparece una palabra o un objeto nuevo, se esfuerzan por comprender, y así se incremente la actividad cerebral.

«Esperábamos encontrar que los perros discriminen neurológicamente entre las palabras que conocen y las que no» dijo uno de los investigadores, «pero lo sorprendente es que el resultado es el opuesto al que se observa en los humanos: nosotros tenemos mayor actividad cerebral ante palabras conocidas que ante palabras nuevas».

La clave del asunto está en que se trata de palabras inventadas, sin significado real. El humano, por su dominio del lenguaje, la reconoce como tal, y por eso no aumenta su actividad cerebral al oírla.

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La actividad neurológica de los perros ante estas pseudopalabras que no conocen demuestra que, aún cuando no hay una respuesta condicionada y aprendida asociada a dicha palabra, el animal puede procesar el lenguaje humano de manera de diferenciar al menos las palabras que conocen de las que no.

Al ser una palabra inventada, el estudio deja abierta la interpretación posible de que el perro reconoce que dicha palabra no tiene ninguna asociación.

«Los perros pueden tener diferentes capacidades o motivaciones para aprender y comprender las palabras humanas» concluye uno de los responsables del estudio, «pero lo cierto es que parecen tener una representación neuronal del significado de las palabras que han aprendido, que va mucho más allá de la simple respuesta pavloviana».

 

VIX

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