Abuelitos pernoctan en las afueras de los bancos esperando la pensión

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Utilizando un viejo refrán que reza lo siguiente: “El que madruga recoge agua clara”, y eso es lo que hacen los abuelitos cuando les corresponde cobrar o retirar de las taquillas de los bancos públicos y privados lo correspondiente al pago de las pensiones, otorgadas por el Estado venezolano.

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Y para muestra un botón, en la gráfica de Ignacio Arteaga, se observa un grupo de ciudadanos de la tercera edad pernoctando en un banco oficial, ubicado en la Encrucijada de Turmero del municipio Santiago Mariño.

Esa escena, por lo demás dramática, se apreció a eso de las 9:00 de la noche del miércoles en el Bicentenario.

Muchos de ellos, pensando que el beneficio se cobraría ayer jueves, se llevaron sus colchonetas, otros se acostaron sobre un cartón o simplemente en una cobija, y su única intención era la de estar de primero a la hora de que el banco abriera las puertas al público.
Uno de los señores, identificado como Ricardo José, dijo que “si mañana, (ayer) pagan la pensión, quiero salir temprano del banco e ir a comprar la medicina y comida, pues en mi casa no hay nada”.Y si es mañana, entonces dormiré de nuevo la noche del jueves frente al banco para estar preparado.
– Señor, a usted no le preocupa la inseguridad y el frío que hace en las noches. ¿Qué dice al respecto?
– Si me preocupa, pero la necesidad tiene cara de perro… y no queda otra alternativa que arriesgarnos. Pero también es importante señalar que en la Encrucijada frecuenta mucha gente honesta y también se observa la presencia policial. Nos sentimos un poco protegidos.
Mientras que Julio Pérez afirmó lo siguiente: “Yo estoy acostumbrado a este trajín. Cada vez que el Gobierno paga la pensión, yo hago cola de un día para otro, porque si vengo el mismo día, me marcho a la casa en la tardecita.
-Hay que aprovechar la noche para recuperar energías y asumir los retos, con respecto de recibir la pensión.

Vale destacar que a esa hora de la noche, atacaba fuertemente el frío y los viejitos comenzaban a cubrirse sus cuerpos con ruanas y cobijas, pero el amor pudo más que el interés.

LUIS ANTONIO QUINTERO | elsiglo
fotos (Cortesía) | IGNACIO ARTEAGA

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