Aves migratorias aprenden a volar detrás de un ultraligero

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Hasta hace unos momentos 31 aves sobrevolaban un campo de maíz en la ciudad alemana de Uberlingen, cerca del lago de Constanza. Ahora solo se ve un pequeño avión ultraligero.

Aves

“Vengan Waldis, vengan”, se escucha gritar a la copiloto a través de un megáfono en un día apacible de julio. Si hay alguien a quien escuchan estos ibis eremita, también conocidos como ibis calvo del norte o waldrapp, es justamente a Anne-Gabriela Schmalstieg, su madre adoptiva. Ella es la encargada de guiar a las aves nacidas en un zoológico por aire hacia el sur, a través de los Alpes a los cuarteles de invierno en la Toscana italiana.

Aunque se trata de aves migratorias, sin una ayuda externa estos pájaros jóvenes están desorientados. Las aves más viejas les muestran el camino o, como en este caso, el ser humano.

El ibis eremita es un ave grande, del tamaño de un ganso, pero no tan bonito. Su cabeza está desnuda, excepto un copete de plumas negras y alargadas que salen de la nuca y parte posterior del cuello. Además poseen un pico largo caído hacia abajo.

Después de cinco minutos, el primer pájaro sigue el llamado de Schmalstieg. Una sombra aparece junto a la avioneta, luego otra y una otra más. “Están todos”, avisa la mujer al resto del equipo que espera en tierra.

Hace más de 400 años que no se veían estos ibis eremita en la región. Desde el 2002 existe el proyecto para reintroducir el “Geronticus eremita” en Europa.

El equipo que trabaja para el proyecto de conservación de las especies en el lago Constanza se ha basado en la “Fly Away Home”, en la que una niña alimenta a los gansos y los lleva en avión hacia el sur.

Desde mediados de mayo, Schmalstieg y una segunda madre adoptiva Corinna Ersterer viven con las aves de unos tres meses cerca de Uberlingen. Pasan hasta doce horas al día con sus hijos adoptivos en un gran aviario. Por segundo año consecutivo intentan que las aves se acostumbren a la zona y especialmente al avión.

“Nos reconocerán como padres de crianza durante toda la vida”, señala Schmalstieg. La intensidad de la relación entre ellas y los pájaros determinará el éxito del proyecto. Si las aves siguen a sus madres sustitutas será un triunfo casi asegurado.

El paseo de esta mañana resulta muy positivo. Después de que las aves se unieron al avión, lo siguieron luego hacia un prado a diez kilómetros de distancia.

“Aún son un poco testarudas, pero ya marcha bastante bien”, dice el director del proyecto Johannes Fritz, quien sacó expresamente la licencia de piloto para llevar a cabo la migración de las aves. El especialista en comportamiento animal, de 51 años, será el encargado de guiarlas a través de los Alpes, y es consciente de los peligros. La mayoría de las waldrapp mueren por una descarga eléctrica o a manos de la caza ilegal en Italia.

“Tenemos una oportunidad única de reinsertar una especie en vías de extinción”, dice el ornitólogo Peter Berthold, jefe del observatorio de aves en el Instituto Max Planck para Ornitología en Radolfzell, quien también fue uno de los propulsores del proyecto.

El ibis eremita está tan amenazado que, sin intervención humana, desaparecerá como ave silvestre en cinco años.

Fritz es optimista y espera que el próximo año se contabilicen en Europa unas 120 aves. A partir de mediados de agosto, los 31 pájaros serán acompañados por sus madres a los cuarteles de invierno, a unos 1.000 kilómetros de distancia.

Con información dpa

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