El Terminal de La Victoria también se convirtió en escenario de despedidas

Emigrar para los venezolanos se ha vuelto el pan de cada día y no precisamente porque los ciudadanos quieran hacerlo, sino por factores que van más allá de un sueño, ya sea por la inseguridad o por los constantes baches económicos que degradan la calidad de vida.

En este sentido, cada vez son más dolorosas las escenas que a diario se viven dentro de las instalaciones de cada uno de los terminales terrestres del país, cuando se aproxima la hora de salida de los expresos y autobuses que se trasladan hacia San Cristóbal o cualquier estado fronterizo.

Jóvenes, niños y adultos se abrazan, no saben si por última vez, en el lugar

Y es que el puerto terrestre de La Victoria no escapa de esta situación, pues en la actualidad ha sido escenario de lágrimas, pesares y millones de buenos deseos de viajeros, que por lo general salen en búsqueda de un mejor futuro, tanto para ellos como para sus núcleos familiares.

Caminar un lunes, martes o miércoles por los pasillos del Terminal General en Jefe José Félix Ribas es tropezarse con esas lágrimas y abrazos de hijos, primos, hermanos, padres y tíos que se separan de su grupo familiar, ya que según ellos es la forma que tienen para exteriorizar lo que catalogan como un escape a la crisis económica.

Todos llevan un mismo objetivo: establecerse en un nuevo lugar que les permita ayudar económicamente a sus parientes, que se están viendo afectados por problemas como la escasez y los altos costos de los pocos productos, sin dejar a un lado el déficit de transporte público y la inseguridad.

LA DESPEDIDA

Un centenar de personas de todas las edades se dan cita en la Ciudad de La Juventud, para dar inicio a su faena de viajes que le garantizará de alguna manera su salida desde este pedacito de tierra aragüeña, que para muchos es su lugar de nacimiento, su terruño; mientras que para otros es simplemente un área transitoria de despedida.

Jenny de Reyna, de 49 años, acompañó a su hermano Manuel, de 32 años, quien viajó a Colombia en busca de oportunidades laborales que le permitan garantizar el sustento de su esposa y cuatro hijos, que aún permanecen en la ciudad de La Victoria.

“Este es el tercer hermano que se va en lo que va de año. Es difícil porque ellos estudiaron, se graduaron y trabajaron aquí, pero la situación del país los obliga a irse para salir adelante. Una vecina que se fue con mi hermano también dejó a su esposo e hijos. Y lo tuvo que hacer por la situación, no le dejó otra alternativa”, relató Jenny.

Por su parte, Yuseima Madriz, en compañía de sus padres, también vivió la misma circunstancia, pues le tocó despedir con sentimientos encontrados a su hermano mayor, quien para ella fuera su pilar y protector, ya que emprendería su camino hacia tierras chilenas. En la actualidad cada día le era más difícil poder llevar una vida tranquila, donde se pudiera desenvolver como joven y profesional.

“Son muchos sentimientos encontrados, por una parte estoy feliz, porque sé que él estará mejor, pero por otro lado me desgarra tener que despedirme de una persona talentosa y que tiene tanto para ofrecer. Sólo me queda desearle el mayor de los éxitos y que más pronto de lo que él espera estaremos de nuevo juntos. Aquí o allá pero juntos”, exclamó.

En el recorrido por las filas el equipo reporteril conoció a Rossany Higuera (18), una joven que despedía a su padre Carlos, quien como muchos salía en búsqueda de un mejor futuro para su familia. Ella explicaba que nunca había estado separada de su “papi”, pero no podía ser egoísta y no permitirle luchar por lo que con el sudor de su frente había construido y que fue destruido poco a poco pero de manera casi fulminante.

“Yo sé que todo pasa por algo. En algún momento nos reuniremos de nuevo como familia y no volveremos a separarnos, porque de eso no se trata. Una familia es un grupo que debe estar unido en la lucha, no unos aquí y otros allá. Es necesario que los responsables vean lo que está sucediendo con las familias y que se pongan la mano en el corazón y sientan el vacío que están dejando”, puntualizó.

En el mismo orden de ideas, algunos se van con la esperanza de reencontrarse con sus familiares o llevárselos pronto al exterior, otros con la ilusión de volver cuando las políticas económicas y sociales de Venezuela cambien, y se forjen nuevas oportunidades.

Madres, abuelas y niños se aferran a la calidez de los brazos de sus parientes antes de abordar el expreso. Con ojos llorosos dicen adiós. Estás imágenes conmueven a viajeros y vendedores informales que transitan por la sede de transporte, que por algún tiempo fue sólo testigo de salida de jóvenes a sus universidades.

AUMENTAN CIFRAS DE FAMILIAS DESTRUIDAS

Este es un cambio que en la actualidad está tocando la puerta de muchos núcleos familiares, donde el tema puesto sobre la mesa ha pasado de ser el “cómo te fue en el trabajo” al “cuándo te vas o qué te falta para irte”, pues se ha vuelto una necesidad el salir de la tierra que los vio nacer.

El déficit de transporte también empuja a los venezolanos

Según el sociólogo victoriano Luis Fornet, el fenómeno de la emigración es reciente en Venezuela, ya que en poco tiempo pasó de ser un país receptor a uno donde sus talentos salen por doquier. Y es que si nos remontamos a los años 1950 y 1980 se puede evidenciar cómo en Venezuela se albergaron grandes masas migratorias provenientes de naciones europeas y suramericanas, que escapaban de las crisis económicas y los gobiernos dictatoriales.

Asimismo, explicó que siguiendo una línea de tiempo no fue sino hasta los años 90 cuando se comenzó a fortalecer la salida de los venezolanos, que inicialmente iban en busca de estudios y en muchos casos la calidad de vida les daba para poder rehacer su vida en otros países.

Sin embargo, esta situación ha cambiado del cielo a la tierra, tocando a lugares pequeños como La Victoria, pues los ciudadanos actualmente se están yendo o escapando principalmente por razones económicas, que han quebrantado su desenvolvimiento en las áreas sociales y culturales.

“Un 67% de los que toman otros horizontes lo hace para trabajar o conseguir un empleo que les garantice un cobro que les dé para mantenerse ellos allá y ayudar a sus familias, las cuales normalmente quedan sintiendo su ausencia”, indicó el investigador social.

OPINIÓN PSICOLÓGICA

Es que factores como la inseguridad, hiperinflación, falta de medicinas, escasez y altos costos de la comida, el nulo transporte público, entre otros, traen como consecuencia la desestabilización afectiva de las familias, que ven fracturadas sus relaciones, además sus vidas diarias y su salud, pues la situación país obliga a alguno de sus cabecillas a irse dejando a la otra parte en el país, lidiando con su ámbito afectivo, social y además económico.

Así lo explicó la psicóloga clínica Daniela Díaz Azócar, quien agregó que actualmente son muchas las personas con familiares inmigrantes que van a su consulta en búsqueda de ayuda, elevando la cifra en el primer semestre del año de 15 a 50 personas.

Evolución de la población venezolana en el extranjero y solicitudes de asilo de los venezolanos

“El 67% de casos sufren estrés, el 58% sufren de depresión, de dolor de cabeza el 39%, y un 5% sufren violencia intrafamiliar”, precisó.

Añadió que estas afecciones son en muchos casos las consecuencias de las preocupaciones de la separación familiar, el cambio de riendas en el hogar, la poca comunicación entre los familiares, así como por los nuevos roles dentro de la familia, sin dejar a un lado la falta de cariño, suscitándose el síndrome del “Nido Vacío”.

Ahora bien, viendo la otra cara de la moneda, la conocedora expresó que los que se marchan también sufren, pues cuando los niños y adolescentes emigran, generalmente llevan a cuestas una gran cantidad de recuerdo e historias frecuentes y además la pérdida de vínculos afectivos fundamentales, además de todo lo que acarrea el separarse de sus familias como la ausencia de sus padres, la separación de personas y el proceso de adaptación en una cultura diferente.

Por otra parte, los padres enfrentan el proceso de desarraigo y adaptación a una nueva cultura, junto con el dolor de no poder convivir con sus hijos y el gran reto de encontrar una nueva forma de ser padres y de poder estar “emocionalmente presentes” aún en la distancia. Es por eso que caen en el riesgo de ofrecer bienes materiales, como forma de mitigar lo que ellos consideran un “abandono”.

Cada vez son más las personas que parten del Terminal de La Victoria

Entre tanto, los psicólogos aseguran que lo primordial ante estos cambios es la conversación de los mismos y en unión planificar las estrategias, para tratar de que el cambio no sea tan drástico.

Dice Díaz: “Lo mejor es hablar de la separación y despedirse, además de preparar a los niños y adolescentes a la separación, mantener una comunicación de calidad con la familia directa, establecer y mantener una relación de respeto, apoyo y colaboración continua y no limitarse a mandarles dinero o regalos”.

Vale destacar que tanto para los ciudadanos como los expertos, este es un fenómeno que hasta el momento no hay cómo frenarlo, pues la situación del país, conforme pasa el tiempo, para muchos se sigue poniendo “color de hormiga”, lo que hace que su única opción sea la salida de su terruño, para así poder brindar una calidad de vida, como la que se vivía en otras épocas, donde pese a los contratiempos siempre la sonrisa era lo que reinaba.

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