Varias abuelitas narraron sus experiencias y sentimientos

Hoy se celebra el día del adulto mayor, y en conmemoración a todas esas personas que han dado toda su vida por el trabajo, por su familia y por sus hijos, elsiglo realizó un reportaje especial para agasajarlos.

En el Ancianato San José, ubicado en el sector Niño Jesús de El Limón, la hermana María Cecilia Cardona, quien es coordinadora de ese centro, comentó que allí se alberga al menos a 36 abuelitas, algunas de ellas inválidas. La hermana María Cecilia relató la historia de la creación de ese centro bajo la tutela de monseñor López Aveledo y la Madre María de San José, hace aproximadamente 124 años.

Al indagar sobre las actividades que realizan las abuelitas en ese recinto, comentó que estas se distraen con la visita de jóvenes que las invitan a participar en diversos juegos que les funcionan para activar la mente. De la misma manera, las abuelitas también asisten a la eucaristía y demás actividades religiosas propias del ancianato.

En cuanto a los recursos económicos que son utilizados por ellas, comentó que se alimentan de lo que diversas personas puedan llevarles, donativos que reciben en comida como cambures y otras verduras, frutas y hortalizas que llegan a sus puertas. Además muchas abuelas reciben mensualmente su pensión, que en algunos casos sirve para suplir necesidades como medicinas y otros alimentos.

De la misma manera, la hermana Cardona comentó que están dotados de personal que se encarga del cuidado y la atención de todas las adultas mayores que están allí, aunque sentenció que al final del mes siempre están en búsqueda del dinero requerido para cancelarle a ese personal su pago mensual correspondiente.

Muchos se preguntarán por las familias de esas abuelas que conviven allí, y es que son muy pocas las que reciben visitas de sus parientes, porque la mayoría son abandonadas “a la buena de Dios”, como dijo la hermana María Cecilia.

A pesar de no recibir el constante apoyo familiar, la coordinadora del centro se atreve a asegurar que las señoras que están allí tienen una vejez tranquila, en paz y relativamente feliz.

En otro punto de la Ciudad Jardín, precisamente en la Plaza Bicentenaria, un par de abuelas conversaron con el equipo reporteril de elsiglo, dejando claro las vicisitudes de la vida en la vejez. Gladys Gómez, de 68 años, se quejó de cómo la sociedad ha cambiado para degenerar a la juventud.

La señora Gladys dejó en claro que no disfruta de pensión asociada, pero aún así pasó todos sus años de juventud trabajando en casas de familia y vendiendo diversos productos, para llevar la comida a su casa en la que siempre la esperaban cinco hijos.

Ella expresó que no se le da valor a la vejez, cosa que puede experimentar todos los días cuando aborda una unidad de transporte público, cuando va a las entidades públicas o privadas y no se le da la atención merecida al adulto mayor; dijo que no se siente respetada en muchos casos, sino que por el contrario, se siente desplazada.

En medio de la conversación, Zully Silva, de 63, quiso expresar un poco su experiencia en esta etapa de su vida. Zully tiene una hija, y dijo sentirse apoyada y acompañada por su única primogénita, pero también dice estar consciente de no poder exigirle demasiado, pues ella también tiene su familia que atender.

En su caso, Silva sí disfruta de la pensión, razón por la cual relató la epopeya que vive cada mes al ir a cobrar el dinero en efectivo a los bancos dispuestos para tal fin. Ante esto, Silva dice turnarse con otras amigas y juntas realizar una larga cola de toda una noche.

Dijo sentirse a la espera de la muerte, en el sentido de que todas las personas mayores que viven en el país padecen las penurias de la crisis con mayor intensidad que el resto de las personas. Es allí donde es necesario preguntarse: como sociedad, ¿valoramos a nuestros adultos mayores?

ANDRESSA GARCÍA | elsiglo
fotos | DENYS SÁNCHEZ

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