Granos importados llegaron a los 3 millones de bolívares

En un recorrido realizado por establecimientos comerciales de Turmero se pudo constatar el elevado costo de los granos importados, cuyo valor asciende hasta los 3 millones de bolívares.
Los granos todavía se ajustan al bolsillo de los ciudadanos

Cabe destacar que según la información aportada por los comerciantes, estos aumentos exorbitantes se produjeron en menos de una semana, para asombro de vendedores y clientes.

Yudy Márquez y María Teresa Vázquez

Y es que cada día que pasa el sueldo mínimo integral se queda “chiquitico” ante los altos costos de los productos de primera necesidad, en este caso las leguminosas.
Sobre esta situación, Roberto González, vendedor, dijo a la prensa que desde hace cinco días las caraotas negras, rojas, blancas y lentejas tienen un precio de 3 millones de bolívares por ser importadas.

Indicó que, debido a este nuevo incremento, las ventas han bajado en 60%, generando grandes pérdidas en los comercios; “las personas preguntan por los precios y se van espantados, lo que estamos viviendo no es nada fácil”, añadió González.
Asimismo, el comerciante expresó que los granos, especialmente los producidos en el país, siguen siendo lo “menos caro” en el mercado, comparado con los sorprendentes precios de la carne y el pollo.

Por otra parte, Yudy Márquez, consumidora, manifestó que los precios de la comida son de locura, pues todo sobrepasa el millón de bolívares; “con lo que cobro de la pensión no me alcanza ni para comprar un kilo de caraotas, ya da miedo preguntar por el costo de los artículos, la situación se agrava para los venezolanos y más para las personas con bajos recursos”, comentó.

De igual forma, María Teresa Vázquez señaló que “los granos no tiene sustitución alguna, es demasiado rendidor, por lo tanto haremos todo lo posible para adquirirlos. Aquí el comerciante vende en dólares mientras que el consumidor gana en bolívares, por lo tanto la hiperinflación nos está carcomiendo”, subrayó.

RAIZA VILLAFRANCA | elsiglo
foto | JUAN CARLOS BENÍTEZ

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