¡Qué diciembre tan parecido a enero!

Son muchos los venezolanos que comentan por las redes sociales la situación del país, dónde el poder adquisitivo se encuentra en una disyuntiva que se desliza en un despeñadero sin derecho a detenerse.

Para muchas familias de escasos recursos, la crisis ha sacudido por completo su panorama, pues muchas personas pasan días sin comer y, a veces, terminan pesando lo mismo que un niño.

Hay mujeres que hacen fila afuera de clínicas de esterilización para evitar embarazarse de bebés a los que no van a poder alimentar; niños pequeños dejan sus hogares y se unen a pandillas que escarban por doquier en busca de alimentos, adultos en multitudes revuelven la basura de los restaurantes después de que éstos cierran. Muchos bebés mueren porque es difícil para sus padres encontrar -o poder costear- la fórmula para el tetero, incluso en salas de emergencia.

Posterior a éstas situaciones la falta de liquidez monetaria y los altos precios de los productos de la canasta básica ha llevado a los venezolanos padecer del “Sindrome del bolsillo roto” en dónde a tres días de celebrar noche buena no tengan ni un bolívar en sus cuentas bancarias.