Recientemente, junto a otros analistas nos invitaron a una universidad del centro del país para intentar dibujar las perspectivas de la Venezuela que comienza a transitar este año, cabe destacar que después de escuchar a los otros panelistas mostrar su visión y cifras en los planos jurídico, económico, sanitario, educativo, social y político, las expectativas de mejora que llevaban los asistentes se redujeron a cero, y no es para otra cosa, la situación de hoy es cuando menos catastrófica, no existe un solo indicador que muestre resultados positivos para los venezolanos en su calidad de vida, en el respeto a los derecho humanos y constitucionales, o en la planificación de ideas para salir del desastre, además cuando la ola migratoria se convierte en la salida mas concurrida entre los ciudadanos.

 

Sin embargo, Venezuela ya no es un peligro solo para los venezolanos, es un desastre continental y una dicotomía, ya que todavía conserva gente talentosa como los muchachos universitarios de modelos de naciones unidas triunfantes en Harvard, de los que no se habla lo que debería, reconociéndole los esfuerzos frente a cualquier cantidad de obstáculos y falta de apoyo, pero con un gobierno que da tumbos incesantes como el tristemente celebre e improvisado esquiador que fue a Finlandia, cuyo periplo paso a ser un objeto más de burla que de orgullo patrio, con el cual la cancillería si armó toda una alharaca global, y es así, una nación de enormes contradicciones, y como el esquiador que no sabe lo que hace y pone en peligro a otros competidores en carrera, Venezuela es en el continente y en el mundo el perfecto ejemplo negativo, de lo que no debe hacerse, con la profundización de una crisis que se transforma en una bomba atómica amenazante de todo a su alrededor, una tormenta perfecta de ingobernabilidad que traspasa fronteras.

Escasez, inseguridad, inflación desbordada, persecución de ideas, censura, nicho de narcotráfico, terrorismo, entre otros elementos son los síntomas de una sociedad enferma, algo que ya he comentado en otras ocasiones, pues todo ello conlleva a la emergencia humanitaria que vivimos, y la comunidad internacional debe abordar el tema con mayor ahínco en lo adelante, de allí que Brasil avance y retroceda en su política migratoria hacia nuestro país, como lo hizo hace poco revocando la posibilidad de estabilizar la residencia en su territorio a quienes cruzan la línea limítrofe entre ambos estados, lo mismo hace Colombia, que no parece interesada en normalizar el paso fronterizo, y así se suman cada vez mas ejemplos del endurecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas, resaltando el caso de la OEA donde se avanza en un nuevo proyecto de aplicación de la carta democrática, dado que la inexistencia de elecciones en Venezuela plasmó un escenario dictatorial evidente, Mercosur hace lo propio, no puede mantener en su seno a un país que no respeta los protocolos suscritos y que como socio no aporta los beneficios que le son demandados, no hay garantías de inversión, y para colocarle la cereza al pastel, la ONU suspende el voto venezolano por falta de pago a la organización, hecho que nos coloca a la par de países como Vanuatu, Cabo Verde o Papúa Nueva Guinea, sin desmeritar las complicaciones o potencialidades que estos puedan tener, demuestra una irresponsabilidad enorme para un fundador de la acaudalada OPEP, ser protagonista una política exterior de derrotas infinitas.

Por donde se le mire Venezuela es un hoyo negro en un espacio continental que busca emerger en conquistas democráticas, libertades económicas y desarrollo tecnológico; según el foro económico mundial se ubica en el puesto 130 de 138 países en el margen competitividad, prácticamente anulada, crisis que repercute en el hemisferio y que ningún otro lugar de la región ha vivido en semejantes magnitudes, crisis humanitaria que acepto en sus días finales como secretario general de naciones unidas Ban Ki Moon, y que según su propia expresión rompe con el cuadro de lo que el llama un continente de paz en los últimos años, donde los conflictos vienen bajando los decibeles de impacto social, a excepción del caso venezolano, pues estamos frente a la imposibilidad de cubrir las necesidades mas básicas, en niveles subterráneos de la pirámide de Maslow, con un colapso sin freno que nos convirtió en un estado fallido y delincuencial que ya no tiene capacidad de dar un giro al curso actual sin la intervención de la comunidad internacional, Venezuela es un SOS trepidante, y no habrá forma de salir a flote si no se produce un cambio inmediato, lo que alerta a nuestros hermanos del mundo de la precisión del impulso de su socorro de ultima hora, un evento casi milagroso pudiera decirse, no obstante suelo repetir, nunca hay que cerrarle las puertas a la esperanza.

Daniel Merchán
@Daniel_Merchan en Twitter.

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