Érika de la Vega: Tú no sabes quién soy yo

Wall Street

Sus vivencias como mujer, madre, esposa y figura pública están plasmadas en Tú no sabes quién soy yo, stand up comedy que la reencontrará con el público venezolano luego de que en 2013 decidió emigrar. En Miami, dice, tuvo que comenzar de cero.

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La inseguridad de Érika de la Vega es su monstruo de la mañana, de la tarde y de la noche. La animadora siempre está cuestionando sus defectos, esos que pasan inadvertidos ante los ojos de sus fanáticos, pero no ante los suyos cuando se ve en el espejo o la pantalla.

Ese “lado feo” es el que la ha motivado a sacar chistes sobre su cuerpo, sus miedos y otros complejos que ha tenido desde su postadolescencia, etapa en la que inició su carrera artística: ni tan temprano ni tan tarde.

Tenía 21 años de edad cuando estableció, de la mano de Luis Chataing, una nueva forma de hacer radio y televisión. La publicista que se quejaba de su cintura cuadrada en la época de Diente por diente no tuvo problemas, años después, en posar con poca ropa para la revista Maxim (aunque luego haya metido en su lista negra al editor de fotografía por no aplicar demasiado Photoshop).

Poco a poco se fue abriendo su camino de Fama, sudor y lágrimas hasta lograr lo que pocas: ser omnipresente en los medios (sin necesidad de encadenar). La animadora llegó a tener programas de televisión en el mismo horario que sus espacios radiales en 92.9 y luego en La Mega.

Junto con Ana María Simón, su “negra”, emprendió un show radial en la carpa de Las dueñas del circo y después ambas habitaron Un mundo perfecto hasta que De la Vega tuvo que emigrar de ese planeta ficticio y de Venezuela.

Los resultados de las elecciones presidenciales de 2013, una nueva oportunidad de trabajo para su esposo y la falta de presupuesto para seguir produciendo Érika tipo 11 la llevaron hasta Miami, una ciudad que le ofreció oportunidades pero tenía que empezar desde cero.

“Me ha costado ser una mujer segura en la vida”, dice por teléfono quien se tuvo que borrar el “cónchale, vale” y el “chévere” del vocabulario para incursionar en un nuevo mercado luego de haber hecho una carrera en Venezuela, el país con el que se reencontrará el viernes con su primer stand up comedy.

—¿De qué va Tú a mí no me conoces?
—Tú no sabes quién soy yo.

—Cierto, disculpe.
—(risas) Descuida. Me acaban de hacer una entrevista en radio y me dijeron: “Bueno, cuéntame Ana María” y el título de la obra caló perfecto como respuesta, pues le tuve que preguntar: ¿Tú no sabes quién soy yo? (risas). Este show condensa temas que preparé para los 200 monólogos de Érika tipo 11. Hablo de la cotidianidad, lo que observo y analizo en mi entorno: las cirugías, los príncipes azules, lo difícil que es usar el baño público, la maternidad y la vejez.

¿Cómo ha sido la experiencia de enfrentarse al público en vivo y sin teleprompter?
—La improvisación en los shows nutre el espectáculo. Me daba terror que nadie fuera o que se me olvidara la letra. ¿A quién le interesa lo que yo digo? ¿Quién quiere venir a verme? Esas inseguridades de mujer, que sigo teniendo, me invadían. Esto es como una montaña rusa: sabes por dónde vas a ir, pero no cómo te vas a sentir.

¿Qué es lo más difícil de conquistar un nuevo público?
—Irte de tu país y comenzar de nuevo es un golpe duro. Tu público te conoce tanto que te perdona cosas, da explicaciones por ti, te alcahuetea, te comprende. Comenzar a ganarte de nuevo a la gente es difícil. Necesitas un buen proyecto y tiempo en pantalla para generar empatía. Acá hay muy pocos espacios para hacerlo y mucho talento queda por fuera.

—El hecho de que el humor que manejan algunos comediantes sea muy local los limita en su proceso de internacionalización. ¿Ocurrió con usted?
—Yo ya no digo “cónchale vale” y pronuncio un poco mejor. No por eso dejas de ser quien eres. Tuve que decirle que sí a oportunidades muy pequeñitas y no juzgarlas. Pensé que se iban a abrir las grandes cuando yo llegara y no fue así, hay que trabajarlas y olvidarte de lo que has construido. Metí el ego en un cuarto oscuro y le pasaba agua un día si y un día no.

—Luego de su salida de la televisión nacional, la radio la seguía manteniendo conectada con el público. Pero tuvo que renunciar también. ¿Cómo vivió ese divorcio forzado?
—Me fui separando de la dinámica de Venezuela y hablaba de cosas que yo no estaba percibiendo. Vivía una realidad física en Miami y otra mental en Venezuela. Eso no me ayudaba a seguir mi carrera. La radio fue una de las despedidas más duras de mi vida y ahorita te lo digo sin que se me agüe el guarapo porque han pasado seis meses.

¿Qué expectativas tiene de su regreso a Venezuela?
—Esto no es solo un reencuentro con el público, sino conmigo, con esa Érika de siempre. Sigo conservando la rebeldía sin causa. Cuestiono el sistema, el protocolo, la burocracia innecesaria e inútil. No importa si la rebeldía después de 20 años quede bien o no, pero no es una pose, así reacciono.

Una despedida quinceañera

Han pasado 15 años desde la salida del aire de Ni tan tarde, el programa con el que Érika de la Vega y Luis Chataing imprimieron irreverencia en la pantalla de Televen. “Luis y yo no sospechábamos que más nunca íbamos a tener esa libertad. Como era un horario al que nadie le interesaba, y en el que los ejecutivos del canal no estaban despiertos, hacíamos lo que queríamos con respeto al público. Veníamos de la radio y teníamos sentido común”.

Fue su compañero de fórmula y un maestro. “Me enseñó que hacer las cosas de manera distinta no me quitaba valor ante otros. Yo no entraba en ningún estereotipo, creía que para entrar en TV tenía que tener plata, medir 1,75 m y comportarme de cierta manera”.

Chataing y De la Vega ahora están en Miami. “Lo primero que hicimos cuando llegó fue vernos. No hemos hablado de proyectos. Si existe la posibilidad, la tomaré, ¡imagínate tú! No hay nada como trabajar con alguien que tenga las mismas ideas que tú. Los años nos recuerdan la suerte que tuvimos”.

Tú no sabes quién soy yo
Viernes 9 de septiembre
Teatro Santa Rosa de Lima
Hora: 7:30 pm
Entradas: desde 7.000 bolívares

Domingo 11 de septiembre
Hotel Hesperia WTC, Valencia
Hora: 6:30 pm
Entradas: desde 10.000 bolívares

Fuente: El Nacional