Murió preso de Yare I al que obligaron a tomar 23 pastillas

Wall Street

Edward Briceño, preso en la cárcel de Yare I, cumplió 33 años de edad el 30 de julio. Al día siguiente murió por envenenamiento. Otro recluso lo obligó a ingerir 23 pastillas de un medicamento que las pruebas toxicológicas que le practicaron en la morgue de Bello Monte determinarán de qué tipo son.

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Briceño, nativo del estado Barinas, fue detenido en 2011 como presunto autor del homicidio de una docente. Cuando el Cicpc lo capturó le preguntó: “Cómo te dicen a ti” y él respondió “el Sordo”. Sin embargo, el testigo de la muerte de la maestra no lo reconoció como el homicida, pero aún así continuó detenido.

Sus familiares -que ayer estaban en la morgue de Bello Monte -explicaron que inicialmente estuvo detenido en el Rodeo II pero hace años cuando murieron varios reclusos, Briceño fue trasladado al penal de Puente Ayala, en el estado Anzoátegui. Con diligencias de familiares lo trasladaron a Yare I y se hacían gestiones para que lo llevaran a Yare III, en Miranda.

Los parientes, que residen en el estado Táchira, se enteraron que había fallecido por información de una persona.

Una cuñada, que no se identificó, refirió que cuando un hermano de la víctima acudió a Yare I para conocer qué había ocurrido un preso le gritó que lo habían envenenado; otro interno golpeó al hombre que le dijo lo ocurrido.

La familia tiene información de que el 28 de julio pasado a Briceño, padre de dos niños, lo obligaron a ingerir las pastillas. Debido a los dolores estomacales que comenzó a padecer lo trasladaron al Hospital General Simón Bolívar de los Valles del Tuy donde le hicieron un lavado estomacal. Luego lo devolvieron al penal de Yare I, pero como los malestares continuaron lo trasladaron al Hospital de El Llanito, donde falleció.

El 3 de agosto el cadáver fue ingresado a la morgue de Bello Monte.

La investigación relacionada con la muerte de Briceño, que era el segundo de sesi hermanos, está a cargo de la Fiscalía Novena del estado Miranda.

Los familiares de la víctima indicaron que él nunca fue trasladado a tribunales.

Un hermano de Briceño acudió al Ministerio del Servicio Penitenciario y cuando le relató a una funcionaria lo ocurrido ella le dijo que han debido de ir a ese despacho antes para obtener la libertad del detenido porque “se le violaron sus derechos humanos” al ser inocente y aún así estar preso durante cinco años.

Una cuñada de la víctima explicó que hacía un año se enteraron que estaba preso y comenzaron a visitarlo en la medida de sus posibilidades, pues viven en Táchira. Le enviaban recursos para la comida y las tarjetas telefónicas. A diario hablaba con miembros de su familia.

Briceño, que era electricista, preparaba sus alimentos en la cárcel y también trabajó en una panadería de ese establecimiento.

fuente: El Nacional