¿Se retira el emperador de Japón?

Wall Street

En medio de las especulaciones sobre su abdicación, el emperador Akihito, de 82 años, sugirió esta posibilidad en un inusual discurso televisado, al reconocer su temor a que su avanzada edad y sus problemas de salud le dificulten continuar cumpliendo plenamente con sus obligaciones.

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“Cuando pienso en mi edad por encima de los 80 años además de en mi gradual deterioro físico, a pesar de tener buena salud en este momento, estoy preocupado por si estaré en condiciones de cumplir con mis funciones”, dijo en un discurso pregrabado que se emitió en la televisión nacional.

Para los expertos el mensaje está claro, aunque durante los 10 minutos en los que se dirigió a la nación evitó decir la palabra “abdicación”, puesto que la Constitución no recoge la posibilidad de la sucesión en vida.

Si lo hace, el proceso no sería inminente, ya que habría que aprobar cambios legales para posibilitarla. En su intervención, la segunda de este tipo desde que asumió el trono en 1989, Akihito señaló además que necesita considerar como hacer de la transición un periodo más suave.

Debido a sus problemas de salud, durante los últimos años Akihito ya ha delegado en su hijo, el príncipe heredero Naruhito, de 56 años, algunas de las obligaciones de su agenda.

El emperador señaló que aunque la Constitución no le otorga “ningún poder político”, desea que “las funciones del Emperador como símbolo de Estado puedan continuar de forma estable y sin ninguna interrupción”.

Según informaciones publicadas por los medios, el gobierno podría considerar una ley especial para permitir la renuncia de Akihito como excepción, reporta The Associated Press.

En respuesta al mensaje del emperador, el primer ministro nipón, Shinzo Abe, dijo que considerará las palabras de Akihito.

“Creo que tenemos que pensar a fondo en lo que podemos hacer para dar cabida a sus preocupaciones, teniendo en cuenta la edad del emperador y su carga de obligaciones oficiales”, apuntó Abe.

Le tocará a su gobierno abrir un proceso de reforma puesto que la ley imperial no permite la abdicación, una prohibición herencia del periodo previo a la Segunda Guerra Mundial por considerarla un posible riesgo para la estabilidad política.

Fuente: Univisión