Legado de tío Simón sigue vivo en los venezolanos

Wall Street

Simón Narciso Díaz Márquez, mejor conocido por toda Venezuela como Tío Simón, estuviera cumpliendo un año más de vida este 8 de agosto. Su legado sigue vivo en cada uno de quienes lo conocieron y las generaciones que vendrán tienen de herencia su música y poesía.

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Homenaje con esta semblanza imaginaria:

Desde Barbacoas vino un caballo que se hizo experto en su galopar, desde el sureste a la Gran Caracas vino un caballo que se hizo viejo al avanzar; desde lo eterno vino un caballo que acogía el nombre de El Libertador, y al rechinar, se hizo el tío de toda una nación. ¡Qué bonita bendición!

Apenas se podía apreciar cómo a lo lejos un hombre se aproximaba a caballo. Mientras más se acercaba, menor era la incertidumbre. Se trataba de un caballo viejo que “le daba tiempo al tiempo porque le sobraba la edad”. Resaltaba el color de un liquiliqui blanco y un sombrero típico del llano. Me acerqué, como quien ve en forma de espejismo, el reflejo de sus añoranzas: su canto me susurró la certeza al oído, era él, en pasos cansados pero firmes, sonriente como siempre. Le había dado la vuelta al mundo en lomos de un caballo viejo, pero había vuelto a su hogar; quizás, para fortuna de un escritor, a recitar la querencia de un tricolor.

Aquel hermoso jardín nos hizo coincidir con intención. Él no parecía sorprendido, al contrario, su sonrisa me aseguraba que estaba buscándome desde antes; sus palabras me asentaron dentro de mi increíble aventura: “Si me vas a hacer un reportaje y me echo cualquier equivocada, por la edad que tengo, bueno, tú me arreglas, ¿oíste?”-. Expresó, mientras nos sentábamos en la grama.

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De pronto, todo parecía sacado de un cuento. El tiempo se aseguraba eterno y las excusas se mostraban ausentes. Era tan solo él, relatándose en historia, era tan solo yo, atesorándola en mi escrito. Todas las anécdotas que le aseveraron el recuerdo dentro de nuestra memoria compartida, se hacían protagonistas del relato, con esa voz de poeta llanero, siempre enérgica.

En compañía de un acorde sin fin, se podía sentir el espíritu intacto de ese joven muchacho que, en los días de su niñez, se paseaba por su natal Barbacoas. Época en la que le tocó ser padre de sus hermanos, luego de la muerte de Don Juan: “Yo soy de Barbacoas, mi lindo pueblito, pero me crié en San Juan de los Morros y fue allí donde me hice hombre, me alargué los pantalones, me formé y también me inicié como artista”, me dijo, como en una de tantas entrevistas que guardé en mis registros.
Motivos de su tonada

Sin intención aparente, comencé a buscarle sentido a todas sus acciones: fue un 30 de julio de 1940, me dije, a solo ocho días de que él cumpliera los 12 años de edad. Quién diría que la muerte de su padre lo acogería en la responsabilidad de ser menos un hermano mayor, y más el soporte de una familia. Quién diría que sería precisamente esa jugada del destino, la que definiría el propósito de toda su vida.

Los acordes del arpa comenzaron a acoplarse a su relato, el eco de la nostalgia apenas y se escuchaba en la llanura de su discurso, era el momento de entender su música: “Yo me inicié en la música con mi papá, quien también era músico y me enseñaba algunas cositas. Ahí nació ese deseo incontrolable”, suspiró, sonrió y luego continuó: “Luego de su muerte, me metí en la Orquesta Siboney de San Juan de los Morros. Pero, ¿tú sabes que era yo allí? No era el cantante. ¿Sabes qué era? El empleado que se encargaba de acomodar los atriles. Fui yo quien inventó, para aquel entonces: ‘aló, aló, aló… uno, dos, tres; probando’, pero me lo quitaron; y ahora dicen: ‘Sí, sonido, sí’”.
De estrofa en estrofa

¡Una tonada singular trajo a mi memoria todas aquellas conversaciones que tuve en su nombre; sin más, cada sonsonete era un personaje diferente: Bettsimar, Coquito, Martín, Oriana, Génesis, y Henrique, se juntaron en una composición con ganas de hacerse canción.

“Amable, cortés y cercano”, eran las palabras que se colaban de mi conversación con Henrique Do Couto, cantante, invitado en el programa televisivo de Tío Simón. Era cierto, así se sentía este mágico encuentro. Él descubrió a Simón y a sus hermosas tonadas, mucho antes del éxito internacional de “Caballo Viejo”, cuando escuchó sus primeras grabaciones, “El Superbloque” y “Por Elba”. Desde entonces, su admirador; para siempre, su seguidor.

Video Cortesía YouTube

Fuente: Globovisión