¿Los Juegos Olímpicos podrían jugarse en la Luna?

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Si dispusiéramos de una base lunar lo suficientemente grande como para albergar eventos deportivos, los organizadores se encontrarían con no pocas dificultades. Como nuestro satélite carece de atmósfera, los atletas deberían llevar equipos especiales capaces de proporcionarles oxígeno y protegerlos del entorno, aunque tendrían que ser mucho menos aparatosos y más ergonómicos que los que portan los astronautas en la actualidad.

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Podrían inspirarse en el BioSuit, un prototipo de traje extravehicular flexible desarrollado en el MIT por la profesora de astronáutica Dava Newman. En todo caso, deberían incluir su propio sistema de soporte vital, integrado por calefacción, filtro contra los rayos ultravioleta y microbombonas de oxígeno. El propio tejido podría controlar que la temperatura y la humedad fuesen las adecuadas.

Para que la llama olímpica pudiera iluminar el estadio en este entorno carente de oxígeno, el pebetero tendría que estar aislado herméticamente

El traje estaría compuesto por varias capas de fibras antiabrasivas y polímeros semielásticos que ejercerían por sí solos una contrapresión mecánica. Esto permitiría al usuario una gran libertad de movimientos. Unos minigeneradores, quizá integrados en las botas, convertirían la energía mecánica producida durante la actividad deportiva en electricidad que sería aprovechada para nutrir los sistemas del equipo.
Cuidado con la gravedad

El otro gran problema con el que se encontrarían los deportistas sería la gravedad, que en la Luna es unas seis veces menor. El peso aparente de un atleta de 80 kilos se reduciría a unos 13, por lo que podrían dar brincos prodigiosos y enviar discos, pesos y pelotas a enormes distancias. Además, sin atmósfera, la aerodinámica dejaría de ser un factor a tener en cuenta en las pruebas de lanzamiento de disco, jabalina, martillo… En esencia, todo se reduciría a una cuestión de peso y, aun así, el objeto volaría mucho más lejos.

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En un informe realizado por la NASA en el que se teoriza sobre un posible partido de tenis lunar, se llama la atención sobre el papel fundamental que jugaría el polvo de su superficie, un material tan seco y propenso a la adherencia estática que las pelotas que golpearan el terreno pronto acumularían una dañina capa de residuos electrizados.

Las competiciones acuáticas tendrían que disputarse en recintos cerrados y equipados con un generador de atmósfera artificial que protegiera a los nadadores de las radiaciones. Esto también les permitiría prescindir de un traje especial. Aun así, a no ser que se contase con algún sistema que emulase las condiciones en la superficie terrestre, habría que lidiar con la citada baja gravedad. Por ejemplo, el 18 de diciembre de 2009, el nadador brasileño César Cielo estableció el récord de natación en la modalidad de 50 metros de estilo libre en 20,91 segundos. En la Luna, el mejor impulso inicial le permitiría reducirlo en casi 4 segundos.

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A través de un cielo libre de gases, la vista de la Tierra sería magnífica. En el cielo lunar, esta presenta un diámetro unas cuatro veces mayor que el que tiene el de la Luna vista desde nuestro planeta. Sin embargo, para que la llama olímpica pudiera iluminar el estadio en este entorno carente de oxígeno, el pebetero tendría que estar aislado herméticamente en una redoma que contuviera la mezcla de compuestos adecuada para que ardiera.

Fuente:MUY INTERESANTE