Estas son las técnicas para formar pequeños lectores

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Muchos padres quisiéramos que nuestros hijos se hicieran el hábito de la lectura, pues sabemos lo útil que es para su vida académica y, por supuesto, para su desarrollo intelectual; sin embargo, inculcar el gusto por la lectura no suele ser tarea fácil. Son muchos los padres que lo procuran y muy pocos los que lo logran. Comprarles libros a los niños y luego pedirles que lo lean mientras se monitorean sus avances sencillamente no es suficiente. A continuación ofrezco unos consejos que pueden ayudar a formar pequeños lectores antes o durante la edad preescolar. ¡Porque nunca es demasiado temprano para empezar!

niños

“Leer” no es solo leer letras.

Mi pretensión con este post es enseñar cómo podemos formar pequeños lectores que… pues… no saben leer. Sí se puede inculcar el amor por la lectura y los libros a los niños antes de que ellos hayan aprendido a “leer y escribir”. La lectura no se limita a la decodificación de frases o textos escritos. La lectura es interpretación de símbolos de todos tipos. Un bebé puede leer el estado de ánimo de su mamá interpretando sus gestos y entonación de voz; un niño puede leer, interpretar o imaginar historias “leyendo” imágenes. La lectura, entonces, es interpretar significados a partir de estímulos visuales (como los textos escritos), pero también audiovisuales, auditivos, gustativos, olfativos y tactiles. ¡En especial con los bebés!, quienes se valen de todos sus sentidos para ordenar y percibir su entorno. Siendo así, la lectura se puede empezar desde que el bebé es un recién nacido, y entre más temprano se empiece a familiarizar con la lectura, mejor.

La lectura empieza con el reconocimiento del libro como objeto lúdico.

Durante los primeros meses de vida, es importante permitir a los niños jugar con los libros, aunque esto signifique que los doblen y babeen. Por supuesto, no vamos a prestarles cualquier libro, sino uno especial para que 1) no se lastimen al jugar, 2) puedan tener tener diversas experiencias tactiles y 3) aprecien las diferencias entre colores. Para esto existen libros de tela y de plástico, ideales para bebés que todo se lo llevan a la boca. Hay libros en forma de almohada, de peluches, de acordeones… de todo tipo. Lo que predomina en ellos son figuras geométricas, colores vivos, materiales que se sienten diferente al tacto y poco o nada de texto. La clave aquí es que el bebé vaya percibiendo al libro como algo que puede ser suyo y, sobre todo, algo que está hecho para divertirlo. Los libros son para jugar y para divertirse, primero, y para aprender, después.

En esta etapa, te recomiendo que todavía no pretendas contarle historias completas al bebé, pues su lapso de atención se limita a unos pocos segundos y todavía no puede retener mucho en su memoria. Para acompañarlo en la lectura de estos libros, solo señala y nombra los objetos que aparezcan en él, para que tu bebé poco a poco los identifique. Dile cosas como “¡mira! ¡un perrito!… ¡un triángulo!… ¡un chango azul!”, cosas por el estilo.

Si tu bebé tiene menos de 3 meses, te recomiendo comprarle libros con imágenes en blanco y negro, o libros donde predominen los colores primarios, pues recuerda que durante las primeras semanas de vida tu bebé apenas está aprendiendo a usar sus ojitos, y los colores más perceptibles para él son el negro, el blanco, los grises y el rojo.

Después la lectura es con base en imágenes.

Una vez que tu bebé haya desarrollado un poquito más su motricidad fina y que haya mitigado su impulso por llevarse todo a la boca, será el momento de adquirirle libros de pocas páginas, hechas de cartón. A partir de los 7 meses, tu bebé estará preparado para una lectura “más avanzada”. Ahora podrás conseguirle libros resistentes de cartón, de no más de 10 páginas, para que juntos, tú y él, puedan “leer” las imágenes. Ahora la lectura no se limitará a colores, figuras y sensaciones, sino que ya podrá incluir una secuencia de eventos o acciones. Puedes conseguir libros donde un personaje tenga un problema que se resuelva casi inmediatamente a lo largo de pocas páginas, esto porque, aunque el lapso de atención de tu bebé será mayor, este aún se limita a no más de dos o tres minutos. Así, la lectura de libro tendrá que seguir siendo rápida, pero ahora puedes agregar frases un poco más completas: “Mira, a la niña se le perdió su perro… Buscó en el clóset y no lo encontró… Buscó en el patio ¡y ahí lo encontró!”.

Poco a poco, tu bebé irá aprendiendo que las acciones se dan en secuencia y que estas tienen consecuencias; además irá adquiriendo frases y palabras que remiten al espacio y al tiempo. Con esto podrá ir percibiendo un orden y generando expectativas, del tipo “una acción lleva a otra”. Poco a poco, conforme pasen los meses, podrá ir leyendo junto contigo historias donde los personajes enfrentan problemas un poco más complejos y un poco más largos. Tú irás notando cuándo tu hijo estará listo para más y más.

En esta etapa se recomienda la lectura improvisada y espontánea. Muchos libros de cartón y plástico vienen ya con frases de texto, pero todavía no te comprometas con ellas. Cuenta el cuento prefiriendo palabras que tu hijo ya conozca y con frases que le sean fáciles de comprender. Puedes incluso contarle una historia diferente usando el mismo libro, solo inspirándote en las imágenes. ¡Que no te dé pena simular las voces de los diferentes personajes! Así será más entretenido. También puedes invita al niño a que él te lea el cuento a ti. Muchas veces él querrá repetir lo que tú ya le contaste, pero otras veces tratará él de crear su propia historia. Todo se vale. Hagas lo que hagas, procura formular preguntas a tu hijo para involucrarlo contigo en la lectura y para ver qué ha estado entendiendo de lo leído.

Los libros siempre deberán estar al alcance del niño.

Procura guardar los libros en un lugar que esté al alcance de tu niño. Si tu bebé ya gatea, guarda los libros en un librerito o caja que esté a la altura del suelo. Podrías después encontrar que tu hijo ve y usa los libros como si fueran cualquier otro juguete ¡y eso es muy bueno!

La lectura en voz alta siempre será la mejor estrategia.

Cuando tu niño sea mayor, notarás que su memoria ha mejorado cuando te reclame ¡que no has leído el libro igual que la vez pasada! Aquí ha llegado el momento de comprometerte un poquito más con el texto que viene escrito en los libros. También podrás darle libros de papel cuando notes que tu hijo podría tener más cuidado con las páginas. Ahora podrás leer respetando más la escritura del texto, tratando de lograr una voz melodiosa al ritmo de los signos de puntuación. A partir del año y medio, los cuentos con rimas y trabalenguas son especialmente atractivos.

El objetivo de leer con voz armónica y haciendo especial énfasis en las pausas que marca el texto con los signos de puntuación es que el niño se acostumbre a la entonación de la lectura y se prepare también para sus futuras experiencias de lectura en la escuela. Sobre todo, le generará expectativas sobre lo que es “leer como grande” y luego querrá aprender a hacerlo él también.

Leer es más divertido en bola.

Leer en grupo también es divertido. Busca clubes de lectura para bebés en tu ciudad o centros culturales con bebetecas. Tu hijo podrá leer y socializar con otros niños futuros lectores. Al mismo tiempo irá reforzando la idea de que los libros son para divertirse y ¡para compartir!

Leer un libro por las noches es ideal. 

Con esta actividad diaria matas dos pájaros de un tiro: continuas fomentando el amor por la lectura y fortaleces los lazos afectivos entre padre e hijo. Trata de hacerlo diariamente; aunque resulte muy cansado para ti, pues los niños valoran mucho poder pasar unos minutos antes de dormir con la completa atención de sus padres. Precisamente porque sabemos lo difícil que es tener las energías para leer todas las noches, procura conseguir libros con cada vez más texto, pero que sigan siendo de pocas páginas, de forma que la lectura no te tome más de 10 minutos.

Lo importante es vincular la actividad de la lectura con la convivencia, la diversión y el amor. Si se tiene este concepto afianzado antes de que el niño entre a la escuela y deba empezar a aprenderse las letras, el gusto por la lectura “tradicional” perdurará y será más probable que, cuando crezca, tu hijo pueda ser un lector activo. Tu hijo estará consciente de que la lectura no es una actividad para fines pragmáticos, sino lúdicos. No se lee para estudiar y sacar buenas, sino para divertirse y disfrutar.

Fuente: Chicaetc